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La conversación está en la calle, la oigo durante el almuerzo, en el quiosco, en el lava-coches… “¿tú crees que este calor es normal?”
Alguien me dispara a bocajarro la pregunta, mientras paso la compra por la cinta de un supermercado…y sonrío (horror: no estoy preparada para responder algo tan… subjetivo?, recurrente?, discutible?, razonable?, sencillo?…)
“Es normal”, le respondo. “Pasará pronto”, añado con intención de tranquilizarla.
Subo al coche y se me cuela la COPE: vociferan, amenazan, injurian, intimidan, atemorizan… Escucho y me declaro feliz porque: es normal que el 1 de octubre luzca un día precioso, o no. Es normal que el verano coleé de este modo, o de otro. Es normal que las tardes aún nos agoten, o nos desperecen.
Es normal mucho de lo que nos ocurre, aún sin reparar en ello o en lo contrario.
Porque siguen existiendo cosas normales, deliciosamente normales. Afortunadamente normales
Domingo 30 de septiembre de 2007
Que la policía local me pida que me identifique entra dentro de lo normal (y de lo aconsejable) si:
- me pillan aporreando las puertas del Guggenheim para que Brad Pitt se fije en mí
- me pongo incívica y al pasar junto a las obras del nuevo estadio del Mestalla, escribo lo que pienso de esa barbaridad sobre las vallas
- me estaciono justo delante de la Dama azul que preside la pista de Ademuz y exijo a gritos que la limpien de una vez (es que me pone muy nerviosa su aspecto polvoriento)
- me dedico a consumir alcohol en la calle durante las fiestas de Rocafort, y no hubiera cumplido los 18 años
Sin embargo, me cuesta entender por qué hube de identificarme el sábado en la plaza de España de mi pueblo, a las 12,45h., ante un policía local del ayuntamiento del que formo parte, mientras charlaba con algunos vecinos sobre las actuaciones que el grupo municipal socialista, del que soy portavoz, ha desarrollado durante los meses que llevamos en esa responsabilidad. Me cuesta, lo confieso.
Aun así, lo hice. Lo hicimos Make y yo. Ambas, concejalas del ayuntamiento de Rocafort, mostramos nuestros DNI al policía local que se personó ante nosotras.
Que la policía local de mi pueblo, una vez identificadas las concejalas y responsabilizándonos ambas de lo que estábamos haciendo (entregando información relativa a Rocafort, y atender a los vecinos que nos preguntaban), exija el DNI de las personas que estaban con nosotras en ese momento, entra dentro de lo normal (y de lo aconsejable) si:
- las personas que nos acompañaban a Make y a mí, estaban comportándose como unos desalmados y pretendían atarnos a los pinos
- las personas que se acercaban a charlar con nosotras, lo hacían encapuchadas y con aire siniestro
- esas personas, interesadas en tener información y/o en colaborar en su reparto entre los amigos, conocidos, y vecinos que paseaban y disfrutaban del lugar público más frecuentado de Rocafort los sábados por la mañana, si esas personas -digo- fueran de color verde y llevaran antenas
Pero ni nos ataron a los pinos, ni eran unos desalmados, ni llevaban capuchas, ni se comportaban siniestramente, ni eran verdes y con antenas. O sea, que no admito el abuso de poder de quien ordenó semejante actuación policial.
Obligar a un policía local a que exija a dos concejales del ayuntamiento en el que trabaja, que se identifiquen ante él, es insólito.
Pero pretender conocer los nombres, apellidos y DNI de las personas que están siendo atendidas por un grupo de concejales del Ayuntamiento, ejerciendo unos -los vecinos- sus derechos; y los otros -los concejales- su obligación, es inaudito, reprobable y vergonzoso.

En demasiados casos, el poder que algunos tienen no es sino el que la gente imagina que deben tener; y esa es la razón por la que, sin sospecharlo, se les concede un poder casi absoluto.
El gobierno municipal del PP detenta un poder que no tiene. El alcalde y su equipo deben ejercer sus funciones por la autoridad que las urnas les han otorgado; pero para cumplir fielmente ese mandato, tienen que saber que no hay nada ni nadie que legitime actuaciones tan despreciables como las que protagonizaron ayer.
Someter a los funcionarios públicos, como la policía local, a un ridículo bochornos para impedir la labor de los concejales socialistas, y para evitar que los ciudadanos puedan -si quieren- conocer nuestro trabajo, es una de los hechos más preocupantes y más peligrosos que he visto hasta ahora en el ayuntamiento (y ver, he visto bastante ya).
Estoy en mi derecho de recordar que el acatamiento a la Constitución es la primera obligación de los responsables políticos.
(También sé que “Quod natura non dat, Salmantica non prestat”)






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