Siguen los ecos que ha provocado la rectificación del alcalde de Paterna, Lorenzo Agustí.

Ha salido ileso de la chapuza que uno de sus concejales había organizado con las flores que adornan en el cementerio de allí, el monumento dedicado a los republicanos asesinados.

Ileso y vencedor.

Opina el editorial de un diario de hoy, “El alcalde de Paterna, el arquitecto L. Agustí, no deja de romperle la cintura a la oposición socialista de Paterna, y en general a la socialista, con sus arranques de buen paternero, persona tolerante y nada políticamente disciplinada” (Levante-EMV. Domingo 4 de noviembre de 2007)

Me sorprende, sin embargo, que el periódico en cuestión otorgue carta de naturaleza a la profesión de L. Agustí, como si con ello pudieran explicarse tanto su indudable acierto a la hora de desautorizar a su compañero de gobierno, como las tres grandes virtudes que le reconoce: buen paternero, persona tolerante y políticamente indisciplinado.

El alcalde Agustí ha actuado con ojo de lince, y desde luego se percibe en él el talante que tan afanosamente denostan en las filas de su partido (PP). Solamente él sabrá lo costoso que puede resultarle convencer a sus correligionarios de que el respeto por los demás está por encima de la legítima defensa de las propias ideas.

(No imagino a nuestro alcalde -ni a ninguno de los que le acompañan en las labores de gobierno- reverenciando la memoria de los perdedores de la Guerra Civil, porque Sebastián Bosch es una muestra viviente más de lo que significó -y aún hoy significa para muchos- la Gloriosa Victoria)

Pero el periódico desliza, además, una crítica feroz a la oposición socialista en general, y a la que actúa en el ayuntamiento de Paterna en particular, que quiero resaltar.  Ignoro los datos en los que fundamenta su afirmación, y aun así me atrevo a considerar aquí su gravedad. Porque aseveraciones de ese calibre merecen, al menos, ser razonadas con la misma contundencia con la que se plasman en negro sobre blanco, para que no haya dudas acerca del razonamiento que las motiva.

El comportamiento del alcalde de Paterna en este caso merece un aplauso. Sin embargo, ser un buen ciudadano de su pueblo debería ser incuestionable para quien opta a ser elegido alcalde; la tolerancia habría de entenderse como cualidad imprescindible para dirigir los asuntos municipales; y derivar hacia la indisciplina política porque el partido en el que milita no permite ninguna de las anteriores, al menos para mí y otros miles, supone lo que nos temíamos: que este flamante arquitecto está viviendo en sus propias carnes cuánto de difícil es hablar de Democracia en la inmensa mayoría de los círculos del PP.

Por mi parte le deseo mucha suerte en su embiste, porque solamente de ese modo avanzaremos hacia una sociedad lista para abordar con seriedad debates profundos e ideológicos: la antesala para demostrar, ¡al fin!, que la Política tiene el sentido que le ha sido arrebatado y que hoy, como siempre, amigo Agustí, es cierta y diáfana la diferencia entre los postulados que defendemos desde la izquierda y los que se defienden desde la derecha.

PD: sería de agradecer que el próximo año, cuando regrese el alcalde Paterna a rendir homenaje a “quienes murieron por la libertad”, como él mismo los distingue durante una entrevista concedida al mismo diario el pásado sábado, se abstenga de contratar el servicio de catering para ofrecer huesitos de santo  a los asitentes; así, quienes están llorando a los muertos ignorados durante más de 60 años, evitarán tener que escuchar la frase de las aleccionadas azafatas: “esto lo ofrece D. Lorenzo Agustí”

Lo dicho: que la suerte le acompañe. Por el bien de todos.