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20 de julio de 2008, domingo
El alcalde no me lee (eso dice en la web oficial del Ayuntamiento), y me preocupa porque:
Si el alcalde no me lee (dice), es que son otros quienes le transmiten que este blog es un manifiesto peligroso, en el que cuezo a fuego lento una sarta de atrocidades encaminadas a terminar con el mundo civilizado.
Si el alcalde no me lee (dice), imagino que son otros quienes han iniciado en su nombre una cruzada contra las hordas de El Maligno; aunque hayan de inventarse el ejército a batir, y el campo donde librar tan absurda batalla
Si el alcalde no me lee (dice), es que hay otros que lo hacen por él, y piensan por él, y deciden por él, y dicen por él, y hasta escriben por él.
Si el alcalde no me lee (dice), quienes le suplantan han tomado al asalto los recursos informativos públicos municipales que él tiene la obligación de dirigir con ponderación y responsabilidad.
Si el alcalde no me lee (dice), me divierte que a la altura de esta línea siga con los ojos pegados a la pantalla esperando el final de este post.
Pero lo cierto es que el alcalde me lee, porque sólo a él (y quizá a un par de personas de su entorno político más próximo), se le ocurriría resumir este blog personal con una reflexión pre-Constitucional firmada y publicada en la web oficial del Ayuntamiento, y que pasará a los anales de las acuñadas por un dirigente elegido democráticamente en pleno siglo XXI: “…página abominable, tendenciosa, falsa, actuando al filo de los rojos del 36, intentando cometer las barbaridades de la época pero mediante escritos”
Amén.
19 de julio de 2008, sábado
Aterricé ayer a media tarde con los ojos aún heridos de belleza: Leonardo, Miguel Ángel, Giotto, Brunelleschi, Duccio, Ghilardino, Botticelli, Donatello, Volterrano…

Florencia, Siena, Lucca, Pisa, Volterra, San Giminiano, Pienza…


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Bajo el sol de la Toscana, cualquier cosa más allá de asimilar tanta hermosura, de beber los colores de los lienzos y de los frescos, de hendir la mirada en el mármol de la mano del escultor, de admirar la perfección inverosímil de las cúpulas, de rendirse al genio de la arquitectura, es relativa.
Recomiendo encarecidamente el humilde ejercicio de la admiración, del respeto, de la consideración, de la duda en beneficio de lo que desconocemos y de lo que no entendemos, y de la reflexión racional de nuestros actos.
Si logramos reconocer la grandeza de otros frente a nuestra pequeñísima aportación, es que aún somos capaces de conmovernos; y en la Vida, como en el Arte, es un paso inteligente que nos aproxima al Conocimiento.






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