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27 de noviembre de 2008, jueves

David es el hermano de mi amiga y compañera en el Ayuntamiento, Make Cortés. Un tío fantástico que debía haber festejado sus 35 años entre amigos en un festorro merecido, sino fuera porque ese mismo día se recuperaba en el hospital La Fe de su tercera intervención quirúrgica en menos de 15 días, con alto riesgo para su vida, a causa de una negligencia médica intolerable.

Su particular calvario empezó el 28 de octubre a las 09,30h., cuando un fortísimo dolor en el abdomen le obligó a acudir al centro de Urgencias del Hospital de Elda, ciudad en la que se encontraba por motivos laborales. Las primeras analíticas señalaban que, probablemente, se trataba de una apendicitis. Permaneció en la sala de observación hasta que a las 16h. volvieron a repetirle las pruebas. Verbalmente le confirmaron en ese momento que se trataba de una apendicitis y que iban a preparalo para la intervención quirúrgica.

A partir de ese momento no ingirió alimento alguno, ni bebida. Transcurrieron VEINTITRÉS HORAS (1 día completo) hasta que entró en el quirófano; pero antes hubio de sufrir lo indecible: dolores que aumentaban según transcurrían las horas (le administraron hasta CUATRO GOTEROS de calmantes); fiebre altísima que le provocó convulsiones incontraladas… el personal de enfermería telefoneó con urgencia al único cirujano disponible, pero éste debía atender en ese momento dos cesáreas y a un niño con peritonitis. La situación de David se había complicado mucho, intervino el único médico que atendía las Urgencias y resolvió que fuera ingresado inmediatamente en el quirófano. Mª Ángeles, su madre, y Make, que se habían desplazado a Elda, presenciaron el revuelo: las carreras, el oxígeno, las prisas, el miedo de David y su dolor incontenible.

Pero hacía falta un cirujano. Nadie sabe qué ocurrió con las césareas y con la peritonitis del niño que habían impedido al único cirujano del Hospital que atendiera a David cuando fue requerido urgentemente; pero él fue quien estuvo en la operación. Había transcurrido ya 30 horas desde que ingresó en el Hospital, eran las 15,30h. del 29 de octubre.

Una hora y media más tarde, salió el cirujano: “Todo bien”, dijo. “Pero, ¿qué ha sido?, preguntaron alarmadas ambas. El doctor tenía serias dificultades para comprender lo que su madre y su hermana decían. Era un doctor polaco.

David ingresó en planta y permaneció allí dos días más.  La fiebre no remitía, y los dolores renacieron tras la intervención. Sin embargo, el sábado 1 de noviembre, a las 9 de la mañana alguien -sin identifación profesional de ningún tipo- entró en su habitación, observó superficialmente la herida y decidió que podía marcharse ya. David intentó explicarle que seguía encontrándose mal, y que la zona lumbar mostraba una apariencia muy enrojecida que le provocaba un dolor agudo. “Nada, chavalote. Esto ya está. Si duele, un Gelocatil”

La familia de David solicitó el informe por escrito del alta hospitalaria; pero el “supuesto” médico contestó que siendo fin de semana, no era posible. El lunes, con una llamada a la secretaría de cirujía del Hospital la cuestión se solucionaría. No obstante, madre y hermana insistieron en que se les entregara algún documento para que el médico de cabecera conociera lo que le había ocurrido puesto que las curas había de hacérselas en Valencia.

Finalmente, obtuvieron la copia de una cartulina en la que constaba la fecha de ingreso (errónea), la fecha de la intervención, la fecha del alta, el diagnóstico (Apendicitis aguda. Apendicetomía), las instrucciones (quitar grapas el 7 de noviembre de 2008), y el nombre del doctor que lo había intervenido.

David llegó a Rocafort el sábado 1 de noviembre hacia el mediodía; su madre había decidido que se quedaría en su casa durante la convalecencia. Durante todo el sábado y buena parte del domingo, la fiebre se mantuvo en 39 grados y la zona lumbar ya había adquirido un aspecto más que preucupante.

A las 3 de la tarde del 2 de noviembre (domingo), David ingresó en Urgencias de La Fe. Al no poder explicar exactamente qué le habían hecho en Elda, la cirujana optó por ingresarle en quirófano y abrirle la herida: estaba infectada y había empezado a afectarle el tercio inferior del pulmón derecho. Le suministraron antibióticos y drenaron la herida. Salió de La Fe al día siguiente con la prescripción de un tratamiento con antibióticos y curas diarias en el centro de salud.

Ese mismo día, el lunes 3 de noviembre, el propio David telefoneó al Hospital de Elda para que le remitieran urgentemente el informe. Desde allí, le respondieron que había de solicitarlo por escrito (fax), facilitando, además, los datos exactos de quien iría a recogerlo. Así lo hizo.

Pero al día siguiente, una llamada desde ese mismo Hospital le exigió que le explicara para qué lo necesitaba y por qué. De nada sirvió que reivindicara sus derechos como paciente y que expusiera que había vuelto a ser ingresado en Urgencias, esta vez en La Fe, y que los médicos necesitaban conocer cualquier información que afectara a su historial porque era allí donde le estaban atendiendo.

Sorprende, por otra parte, que el Hospital La Fe no reclamara a otro Hospital (el de Elda), ambos pertenecientes al Servicio Público de Salud de la Generalitat, un documento tan relevante para el siguimiento del paciente.

David permaneció en su casa desde la tarde del 3 de noviembre hasta el 6 de noviembre; a pesar de los antibióticos, la fiebre era constante -más baja, pero constante-; el dolor en el costado tampoco había remitido. No tenía apetito, dormía mal y la espalda había ido endureciéndose desde que apareciera la mancha en el costado.

Su familia volvió a llevarle urgentemente a La Fe, era el 6 de noviembre a las 4 de la tarde. Diversas pruebas corroboraron que había que intervenir inmediatamente; a las 9 de la noche ingresaba en uno de los quirófanos de Urgencias. Tras tres horas de intervención, los cirujanos que le asistieron salieron para tranquilizar a la familia. Una peritonitis y dos drenajes: uno en la herida y otro en la espalda donde se había formado una gran bolsa de pus.

David salió por su propio pie de La Fe el 14 de noviembre. A partir de entonces, su aspecto comenzó a mejorar. Aún está débil, pero tuvo fuerzas suficientes para celebrar su cumpleaños el pasado sábado.

Más de 45 personas nos reunimos en la Casa del Poble para celebrar que está vivo y que los milagros son obra de personas de carne y hueso, y las desgracias también. Allí estábamos muchos de los que nos mantuvimos en vilo mientras él era mal tratado por el sistema público de Salud que pagamos todos los valencianos. Él, como tantos otros pacientes de esta Comunida Valenciana, usuarios de la Sanidad Pública, son los verdaderos testigos de cargo contra un servicio público que el PP sigue ignorando en beneficio del sistema privado, y de intereses inconfesables.

(El informe del Hospital de Elda aún no ha llegado)

 ¡Bienvenido, David!

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