Plaza de España

Durante este fin de semana he pasado algunos ratos en la plaza (así es como mucha gente nos referimos a la plaza de España).

Aún ahora, 12 años después, cada vez que me paseo por allí siento la misma satisfacción que el primer día que la recuperamos para el uso de todos. Se trata de la tranquilidad que se siente cuando estás convencida de que aquello en lo que tanto empeño pusiste, el tiempo ha demostrado que fue una magnífica decisión. A pesar de todo y a pesar de algunos.

Es cierto que a veces me apena recordar el uso torticero que se hizo entonces, por parte de algún grupo muy concreto, de lo que sin duda se ha convertido en una de las obras más importantes de Rocafort. Y no estoy hablando de la inversión, sino de lo que en este caso era todavía más importante: lograr un punto de encuentro en el que todos los Rocafort posibles se dieran cita y se re-conocieran.

No voy a relatar la injusta campaña que se organizó durante aquellos meses. Quienes la sufrimos directamente, nos sentimos recompensados diariamente con el uso y disfrute masivo que los vecinos -y no sólo de Rocafort- siguen haciendo de ella. Siempre supimos que era una acertada apuesta de futuro.

Y quienes la orquestaron han acabado por reconocer su fracaso.

A veces creo que quienes montaron todo aquel ruido -realmente fueron muy pocas personas, pero lograron sumar la voluntad de muchas otras que finalmente comprendieron que habían sido engañadas- lo que realmente querían impedir, digo, era precisamente eso: el conocimiento de unos y de otros; la posibilidad de salir y de encontrarse; la oportunidad de comunicarse y de entenderse. Al fin y al cabo no era más que miedo: miedo a lo que se desconoce, miedo a lo nuevo, miedo a perder el control… porque cuando lo que se promueve es la comunicación y la participación de todos, la información fluye, y resulta mucho más difícil la intervención directa sobre la voluntad de los demás.

Me gusta la plaza. Me gustan los sábados de “mercadito” y de amigos; y los domingos de periódicos y aperitivo. Me gusta encontrarme con la gente de siempre, y con toda la nueva gente que ha decidido venir a vivir a mi pueblo. Me gusta la vida que se respira en la plaza, porque es la vida de la gente de aquí.

Y durante este fin de semana me ha reconfortado de nuevo comprobar que las decisiones responsables y planteadas con la visión de futuro que debemos aportar quienes apostamos por la política local, acaban siendo reconocidas por los ciudadanos.

Valió la pena, ¿verdad?

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