Las celebraciones con motivo del Día Internacional de la Mujer protagonizarán la actividad de muchos municipios durante la semana que mañana lunes empieza.

Y hay que sumarse a la fiesta. Creo que es nuestra obligación recordar públicamente el valor de las generaciones de mujeres que nos han precedido y que, silenciosamente en unos casos, o con arrojo y a riesgo de su propia vida, en otros, han conseguido que el 51% de la población mundial -nosotras, las mujeres- seamos: visibles primero, reconocidas después, y respetadas a partir de ese momento.

La labor callada de nuestras madres, de nuestras abuelas, y de tantísimas otras mujeres que durante años y años han trabajado denodadamente desde lugares direfentes (la casa, la Escuela, la calle, las asociaciones, las organizaciones políticas y sindicales, etc.) para mostrarnos una visión del mundo más amplia, más solidaria, más tenaz, más comprometida con los más débiles…; toda esa labor debe salir a la luz y festejarla.

Yo reivindico los desvelos de mi madre, que no han perdido ni un ápice de su cariño ni de su ternura durante mis 48 años. Y la  sabiduría sorprendente de mis abuelas (casi analfabetas ambas) y que sin embargo supieron acompañarme  con destreza y mucho talento por una infancia que ellas supieron enriquecerme.

Y las maestras que han jalonado mi vida escolar y que contribuyeron sin ninguna duda a convertirme en la mujer que ahora soy.

Me enorgullezco, como mujer y como madre, de ser portadora de tan hermosa herencia y creo que he intentado no sólo mantener el compromiso que me une a todas ellas, sino ampliarlo para que mi hija pueda sentir como propio tan entrañable legado y que sepa transmitirlo y mejorarlo a quienes le sucederán.

Felicidades a todas.

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