Durante estos días me ha sorprendido comprobar la poca información de la que disponen muchísimos vecinos de lo que sucede en la gestión municipal de Rocafort.

Es cierto que el entramado urbano del municipio (la dispersión de viviendas en la zona residencial); y la complicada organización de nuestra vida privada, dividida entre los quehaceres domésticos, las obligaciones laborales o los ratos de ocio que nos reservamos,  contribuyen a que se extienda un “aislamiento informativo” en el que, paradójicamente, nos creemos a salvo de cualquier asunto que puede disminuir -y mucho- la calidad de vida que perseguimos.

Lo ciudadanos de Rocafort tienen derecho a saber lo que está previsto que ocurra si nada cambia el próximo domingo. Pero también creo que ha llegado el momento de exigirnos a nostros mismos -a todos los que vivimos aquí- la obligación  de preguntarnos qué ha estado sucediendo realmente en la gestión municipal durante estos últimos años.

Algo no funciona cuando en cuatro años hemos visto mermados no sólo servicios públicos, sino las infraestructuras básicas. Gran parte de nuestros derechos han sido absorbidos por la maquinaria pesada de unas políticas municipales entregadas a la irracionalidad -en el mejor de los casos-, o a la irresponsabilidad, en la mayoría de ellos. Mientras esto ha estado ocurriendo, la vida de muchos de nuestros convecinos ha seguido una dinámica  ajena a lo que se estaba gestando. Aún hay tiempo.

Alguien dijo: “Somos el tiempo que nos queda”. Pues eso.

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