1 de junio de 2007

 

 

Esta madrugada ha muerto un buen amigo mío. Esas personas que se te cosen a la vida desde el momento en que decides que la vida es cosa tuya, aunque con apenas quince años aún no sepas de lo que se trata exactamente.

Estani era un hombre serio y responsable, divertido hasta el punto que su peculiar sentido del humor le permitía; un trabajador incansable capaz de venderle al mundo -con una sonrisa preciosa- lo que necesitara en ese preciso momento.

Enloquecía con las motos, y deambuló por media España junto a su hermano Beto y el padre de ambos, para correr los mejores premios de “trial” y de “cross”.

Se enamoró para siempre y sin remedio de Pepa en el año 74, y hasta esta misma madrugada no han dejado de susurrárselo al oído el uno al otro.

El cáncer le alcanzó hace tres años y él le apartó la mirada con desdén.

Hace apenas seis meses que anunció que había decidido que era cierto, y que ya no podía seguir mirándolo de reojo.

Pepa me cuenta que esperó a que su hija Anaïs llegara a la cabecera de su cama desde Zaragoza -donde estudia- la noche del miércoles. Suele ocurrir, es cierto.

Esta madrugada se han despedido para siempre.

Me voy a abrazarlas y a decirles una vez más que las quiero. Pasaré el día con Pepa, allá en nuestra playa, repasando la vida que hilvanamos juntas hace ya más de 35 años porque ahora ya sabemos que es la nuestra, para siempre.

Ya le he dicho a ella que se ponga guapa porque seguro que Estani volverá para besarla en cualquier momento.