Sábado, 1 de septiembre de 2007.

Ofrecían MÁS … y ya nos han colmado.

“No va más”, dice el crupier cuando cierra el juego.

Se ha cerrado el juego, aquí no soportamos MÁS.

El resumen de la fiestas será un retahíla de despropósitos para el recuerdo, a mi pesar, os lo aseguro.

Hubo Pregón: Recepción para los elegidos. Voluntarismo del pregonero, que, apesadumbrado, reconoció públicamente el carácter evangélico inapropiado, quizá, para este discurso. Mítin del alcalde. Silencio.

Hubo cenas populares que no lograron convocar a más de cien personas…para desánimo de los organizadores.

Hubo “pilota valenciana”, y no se cumplieron las expectativas. Coronó el trance el “saque de honor” de la señora del alcalde, en ausencia de éste (y hubo quien trajo a la memoria otros tiempos, y otras costumbres. Oh tempora, oh mores!, suspiraban)

Hubo fiesta para los niños de la mano de San Agustín, y a lomos del esfuerzo de Pili y de Juanjo, y de Fina y de Guillermo. La feria de siempre, con la improvisación de cada año. Abierta a pleno sol, y cerrada cuando los niños se desperezan dispuestos a comerse el mundo. Los nervios a flor de piel de quienes trabajan organizados y no reciben a cambio la misma respuesta.

Hubo fútbol, a escondidas, en el campo amigo de Godella. Pero no hubo césped, ni visita del Levante, ni alegría en las gradas -prestadas-

Hubo lluvia, inoportuna. Hubo “albaes” que sonaban a villancicos del frío inesperado que nos taladraba.

Hubo “Carnaval” del bueno, aunque se lo perdió el gentío que abarrotaba la plaza. Lo presenciamos en directo, Make y yo, desternilladas, en la misma barriga de la organización.

Hubo “Moros”, y “Cristianos” ganadores. Una noche desapacible que se rompía al paso atronador de tambores y timbales que cosían emociones a la piel.

Hubo “duta”, y hubo agua. Pero Sta. Bárbara se estremeció por el atropello de alguien que confundió el respeto con la fuerza bruta. Sin uniforme, pero con ganas. Y eso descorazona.

Hubo música, y hubo “discomóviles”, que pocas veces son la misma cosa.

Hubo pólvora. Y procesiones. Desfiló el Santísimo Cristo de la Providencia sobre los hombres y aupado a sus hombros. Una procesión preciosa de hombres y mujeres de la historia reciente del Cristo de Rocafort, organizada con la voluntad de Carmen Pérez Valero como mandan los cánones del Protocolo bien entendido que es como se debe expresar: con criterio y seriedad.

Y hubo peleas, gritos, alcohol, orines, vómitos, caos circulatorio, risas desbravadas por la coca, y más gritos, tropelías … y qué sé yo hasta dónde se pudo llegar. Los impecables uniformes de Protección Civil no salieron de paseo anoche.

Impertérrito, el concejal Aliaga, hace balance y califica la situación de “normal” mientras los cuatro policías locales de servicio en esa noche infernal bajan la mirada para evitar el sonrojo que les pudiera provocar la escena.

Hoy, los vecinos amanecen temblando de indignación, de rabia, de impotencia …

Los hay que almacenan pena y esta mañana la sacan a borbotones triturándola con los ojos y esparciéndola con las manos … Es una desazón que mordisquea por dentro y se sienten -nos sentimos- despreciados y avergonzados, por lo que hubo y por lo que nos espera.

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