19 de febrero de 2008, martes

El pleno extraordinario se celebró ayer lunes. Como estaba previsto.

El PP aprobó con sus únicos votos dos Modificaciones puntuales del Plan General de Ordenación Urbana. Como estaba previsto.

En la primera de ellas, la número VII del PGOU, se desprotege la tipología propia del casco urbano y se aumenta la edificabilidad. Como estaba previsto.

En la segunda, la VIII del PGOU, se accede a las pretensiones de la urbanización Santa Bárbara y se cierran los accesos existentes desde esa urbanización a otras colindantes (Las Villas, La Bonaigua, etc.), y se reducen las zonas verdes públicas, cuestiones todas ellas que el PGOU contemplaba. Como estaba previsto.

Hubiera sido de agradecer que la portavoz del PP defendiera con valentía cada una de esas medidas; porque si hubiera sido capaz de poner sobre la mesa el discurso ideológico que las motiva, habría sido de justicia reconocerle la habilidad necesaria para sacar adelante unas modificaciones tan indeseables para el conjunto de los vecinos de Rocafort.

Pero no hubo nada de eso. No hubo nada salvo las estridencias y la mala educación a las que nos tiene tan acostumbrados a todos. Y digo a todos, e incluyo también al resto de los concejales de su partido, el PP.

Que Carlota Navarro pierda los nervios en un pleno, ya no es una noticia. Que ejercite hasta el delirio sus maneras autoritarias, que grite o que mienta, tampoco. Y que traspase los límites del respeto a la institución de la que forma parte y de sus miembros, adornan aún más su peculiar concepto de “gobierno” y de “gestión política”.

Lo que sucedió ayer reunió todo lo anterior y un rifi-rafe inaudito entre ella misma y el alcalde; en la refriega, Ana Llorens y Javier Almela también salieron “tocados”.

Al comenzar el pleno, Carla ordenó a Ana que saliera a buscar unos papeles; minutos más tarde ésta regresó con unos documentos. Carla, que en ese momento ya andaba metida en su particular ceremonia de la confusión, echó un vistazo a los papeles, juró en arameo y los tiró junto a los pies de la pobre Ana. Nuestra sorpresa fue mayúscula, pero ella siguió como si nada hubiera ocurrido, o lo que es peor, como si su compañera de equipo fuera merecedora del trato que le acaba de dedicar.

Las Modificaciones eran propuestas al pleno por el concejal de Urbanismo, Javier Almela, y fue a él a quien interpelé. El alcalde indicó a Javier que me contestara, y él se disponía a hacerlo cuando Carla vociferó: “¡¡aquí no habla ni el alcalde, ni el concejal, aquí habla la portavoz del PP que soy yo!!”

A Sebastián le tembló la boca -que es un gesto que significa contención o miedo, dependiendo de las circunstancias-, y dejó que Carla siguiera caldeando el ambiente. Minutos más tarde volvió a suceder durante una intervención mía. Interrumpió, gritó y ordenó al alcalde que le diera la palabra a ella.

Pero Sebastián no se lo consintió y la mandó callar. Ella se revolvió contra él y llegó a increparle, lo que provocó una reacción de ira del señor alcalde quien le llamó la atención recordándole que quien dirigía el pleno era él, y que se atuviera a lo ordenado por la presidencia.

Siempre que los concejales socialistas hablamos de irregularidades urbanísticas, Carla saca a colación el archivo de las diligencias de la denuncia que presentamos ante la Fiscalía en 2006; y ese es su gran argumento -el único- para seguir cometiéndolas. Durante este pleno volvió a hacerlo, y como hacerla callar -no por el peso de sus razones, sino por los gritos que profiere- no es tarea fácil, opté por ilustrar mi explicación con un refrán. Esto le dije: “Señora Navarro, ustedes han puesto a la zorra a cuidar las gallinas” Se quedó muda. Escuchó “zorra”, y escuchó “gallinas”. Nada más. Y no fue capaz de establecer la relación lingüística inmediata: poner a la zorra al cuidado de las gallinas. ¿Fácil, no? Pues no.

Fui más rápida que ella -lo confieso- y la tranquilicé: “Señora Navarro, el informe que el Ayuntamiento envió a la Fiscalía fue elaborado por un arquitecto contratado que resulta ser el mismo que informa favorablemente la concesión de las licencias. La Fiscalía recibió un informe firmado por el “arquitecto municipal”, y supuso que se trataba de un funcionario, garante del cumplimiento de la legalidad como es obligación de todos los empleados públicos…¿Cómo iba a emitir un informe desafavorable ante la Fiscalía la misma persona que está permitiendo las irregularidades? Pues eso: la zorra al cuidado de las gallinas”

Cuando acabó el pleno, me acerqué al alcalde pero él se adelantó a lo que imaginaba que iba a plantearle, y me pidió disculpas por el comportamiento de Carla. “Tienes toda la razón, Amparo. Esto no puede seguir así. Voy a hablar con ella. No puedo consentirlo más. Ni la mala educación ni las groserías” Creo que era sincero, y se lo agradezco.

Carla tiene un problema o varios, y eso no sería importante si no fuera porque esta chica está dañando muy seriamente los ámbitos en los que se mueve. Las comisiones, los plenos, el trabajo de los empleados públicos…todo lo contamina con sus exabruptos. Ella se autoprocloma como un “tsunami”, y en el éxtasis de su autocomplacencia cree que es una comparación que la beneficia. Parece mentira que sea capaz de compararse a la fuerza destructiva que desencadena un desastre de esa magnitud. O quizá sepa lo que dice, lo cual sería aún más grave.

Tengo mucho interés en aclarar pormenorizadamente cada una de las Modificaciones. A partir de su publicación, se abre un plazo de alegaciones.

Hoy me he limitado a narrar la banda sonora del pleno, mañana desmenuzaré la primera.

Buenas noches.

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