Cuarenta y ocho horas después del debate, siguen en el ambiente las sensaciones que provocó y aumenta la necesidad de defender el voto alegre y esperenzador.

A estas alturas de la campaña, por ejemplo, nadie sabe si Rajoy mantiene o no el trasvase del Ebro porque es el traje que quiere cortar a medida de sus votantes: si habla en Aragón, afirmará que no hay trasvase que valga; y mañana, aquí en Valencia, les regalará los oídos con esa actitud tan gallega que le caracteriza: “¿Quién ha dicho que no habrá agua en esta Comunidad?” 

Y tampoco sabemos qué servicios públicos disminuirá si está dispuesto a “perdonar” 33.000 millones de euros de impuestos. Yo apuesto porque echará la tijera a la Sanidad pública, la Enseñanza pública y las Políticas sociales (pensiones, salario interprofesional, nuevos derechos sociales).

No es que me arriesgue en la apuesta, es que aquí en Valencia y en Rocafort ya la estamos viviendo. Camps al frente de la Generalitat, y Sebastián Bosch gobernando en el ayuntamiento, le han avanzado el trabajo a Rajoy.

Del debate del lunes me quedo con la acusación que le lanzó a Zapatero: “usted estuvo a favor de la Guerra de Iraq”.  Afortunadamente yo no fui la única que lo oyó, hubo 13 millones de personas que se quedaron estupefactas al escuchar tal afirmación.

Cuando la mentira se convierte en el único discurso, se llegan a cometer errores tan bárbaros como ése. “¿Qué más da que diga yo eso ahora”, debió pensar el gallego. Y tenía razón. ¿Qué importancia puede tener que dijera eso, si durante cuatro años en la oposición ha hilado mentira tras mentira?

¿Quién se acuerda de los dos años y medio que duró la tremenda campaña orquestada por el PP sobre la “autoría intelectual” del 11-M? ¿Quién se acuerda de las dudas que sembraron contra los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, contra los Jueces, y contra las asociaciones de víctimas de aquel terrible atentado?

¿Quién se acuerda del “acoso y derribo” al que han sometido a los altos tribunales de Justicia, manejando a su antojo su mayoría en el Consejo General del Poder Judicial, y paralizando al mismo Tribunal Constitucional?

¿Quién se acuerda de las declaraciones de la diputada del PP, sra. Nebreda, con las que nos ilustró para que entenderíamos que el matromonio entre homesexuales es una asquerosidad solo comparable a la unión de una mujer con un perro? (sic)

¿Quién quiere hacer memoria y recuperar los negros auspicios que proclamaban una España rota, una Navarra a la venta, y un gobierno al servicio de los terroristas?

¿Y el veto a los productos catalanes? ¿Y la bronca por las reformas estatutarias en aquellos territorios donde no gobernaban? ¿Y la intoxicación contra la asignatura “Educación para la Ciudadanía? ¿Y las proclamas aventurando el fin de la familia? ¿Y las declaraciones de Gabriel Elorriaga, al periódico inglés Financial Times, confesando que la siembra de dudas que están esparciendo sobre la economía y la inmigración “es la única solución que tenemos para que los votos progresistas se queden en casa el domingo”? (sic)

Y…y…

¿Qué más da lo que Rajoy llegó a mentir el lunes? ¿Qué más da hasta dónde están dispuestos a llegar ahora, a menos de 72 horas de la elecciones, si no ha sido más de lo ya  suponíamos…?

Es cierto: si tú no vas, ellos vuelven.

La única preocupación de Rajoy, a partir del día 9, es niña: se llama Esperanza Aguirre y está lista para relevarle.

¡Joder, qué tropa! (Conde de Romanones, dixit)

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