Acabo de saber que ETA ha asesinado a un militante socialista y ex-concejal, del municipio de Mondragón. Acabo de saber que le han descerrajado cuatro disparos por la espalda en presencia de su mujer, y de una de sus hijas.

Pienso que no hay palabras para describir el dolor de los que estamos vivos.

Pienso que hemos atravesado una etapa durísima en este país, en la que determinados políticos con altísimas responsabilidades en el partido popular no han sido capaces de medir el alcance de sus afirmaciones terribles. Y creo eso: que no han sabido medirlo. Porque si me inclino a creer que sí lo sabían, y que aún así decidieron seguir adelante con su discurso, probablemente ahora no tendría fuerzas para escribir.

Pienso en Mariano Rajoy y en todos los Zaplanas, Acebes, Aguirres, Astarloas, Martínez Pujaltes, Orejas, Barberás, Pizarros, Elorriagas, … que han antepuesto sus intereses partidistas y han convertido la lucha territorista en un asunto más de campaña electoral durante cuatro años.

Pienso, y me estremezco de rabia y de pena.

Y  les pregunto que dónde –¿¡dónde!?– están las pruebas que demuestran que el gobierno socialista ha cedido al chantaje de los terroristas. ¿En este asesinato?

Y les pregunto ¿por qué no actuaron como políticos responsables y respaldaron sin contemplaciones ni tibiezas repugnantes la lucha antiterrorista que este gobierno ha defendido con las leyes en la mano, y los altos tribunales de Justicia ejerciendo su potestad, como establece en un régimen democrático su sujección a los principios de Derecho?

Les pregunto cómo se atrevieron a afirmar que el presidente del Gobierno es el que decide quién entra y quién sale de la prisión, como si esto fuera un país de pacotilla y no un Estado de Derecho.

 Les pregunto si se sienten satisfechos de haber inoculado en parte de la sociedad tantas dudas, tantas incertidumbres y tanta desconfianza en las instituciones democráticas y en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Y les pregunto si no les parte el alma contemplar un escenario desolador como el de esta tarde de viernes.

Aunque solo sea el alma.

(Navego en la red, y descubro el comentario de un desaprensivo. Un comentario que ni siquiera me sorprende de su boca; pero que hoy especialmente me abate. Por eso lo traigo esta tarde a mi tribuna; por primera y única vez le doy entrada en mi blog, porque aunque lo suyo es otro exabrupto necio y envenenado, los ciudadanos de Rocafort -todos- están en su derecho de saber cuál es la catadura moral del personaje)