27 de abril de 2008, domingo

Ha habido libros durante este fin de semana en Rocafort; entre las curiosidades, un señalador de páginas del sr. Alcalde animando a participar en la Feria del Libro 2008.

Es una lástima que las campañas municipales se confundan con las personales. Una lástima o muy poco sentido institucional. Me quedo con lo último. Quien confunde la institución que preside con su ámbito privado de poder, puede incurrir en errores muy graves; llegando a rozar, en algunos casos, el puro despotismo. A los hechos me remito, en el caso del Ayuntamiento.

En la Feria del Libro, sufragada con dinero público, no cabe que el sr. Alcalde estampe con su nombre y apellidos un obsequio para que los vecinos la visiten y la compartan; lo que tendría sentido es una campaña municipal -institucional- de animación a la participación y a la lectura.

Pero en el Ayuntamiento de Rocafort, todo lo que ocurre es por obra y gracia del sr. Alcalde. Todo. Y digo TODO.

Y si lo que se organiza parte de la Casa de Cultura, la obediencia debida a Sebastián Bosch se refleja en gestos tan ilustrativos como los que ya he señalado; y en algunos otros mucho más graves que irán aflorando.

Sin embargo, los empleados de la Casa de Cultura, en su afán de agasajar a quien les ha proporcionado durante tanto tiempo un “corralito” privado, equivocan el receptor de su mensaje: no son los ciudadanos los que merecen tanta lisonja arbitraria; son ellos los que necesitan la mejor de las suertes para salir ilesos de la protección del protagonista de su cuento particular.