9 de mayo de 2008, viernes

Escucho una cuña en la radio que anuncia el título de un libro: “Pensar por pensar”, de los profesores Cruz y Delgado.

El ajetreo diario arrincona el saludable ejercicio de “pensar”, pienso. De pensar -digo- por el placer de hacerlo; dando rienda suelta al hilo que conduce hasta el cabo para llegar al corazón de la madeja.

Perder el hábito de pensar por pensar, es mala cosa. Nos esforzamos cada día para que llegue la bendita hora de apagar la última luz, y no hayamos sucumbido en el intento de haber sobrevivido a la jornada.

Y, ¿qué, si ocurriera? ¿Qué no habremos pensado hasta ese día?

Yo ahora pienso, que tengo la cena lista; y pienso de dónde he sacado las ideas para lucirme esta noche de viernes. Una noche especial en la Casa del Poble porque celebramos el cumple de Make y de Ricardo.

Y pienso en Make, y en Ricardo. Y el hilo me vuela de las manos y se enmaraña en la madeja. Y recuerdo algunos gestos de Ricardo, y su testimonio honesto. O ese beso que me brinda en la mejilla cada vez que nos encontramos. Y su férrea convicción republicana que le preside el pecho de colores rojo, amarillo y morado.

Y tira el hilo, que se desliza solo cuando llega Make. Make, la sonrisa amplia y el juego de las palabras. Y ganas: de aprender, de seguir, de avanzar. Con perspicacia, con audacia. Una simpatía franca que alivia. Siempre.

Pensar por pensar que Fiona está llegando, y que la abrazaré para comérmela a besos. Y abrirá su habitación y encontrará una sorpresa, porque pensando por pensar pensé que la edición limitada de la recopilación de Camarón la hará brincar de alegría.

Pues eso, que yo lo sigo haciendo: pensar por pensar.