El 30 de abril, el alcalde firmó un decreto y delegó sus funciones en el primer teniente de alcalde, Javier Almela, hasta el 14 de mayo.

Su decisión pilló “in albis” a todo el mundo: a sus propios concejales del equipo de gobierno, a la Secretaria general del Ayuntamiento, al Interventor, al resto de los empleados municipales, a nosotros… Resultaba sorprendente que habiendo un pleno para debatir el Presupuesto, el alcalde no regresara hasta el día 14 (48 horas después de haberse celebrado el Pleno).

Las circunstancias que han coincidido con esta “retirada” del alcalde son las siguientes:

  • El mismo día 30, el Tribunal de Cuentas comunicaba al Ayuntamiento por escrito una Providencia en la que informaba de las actuaciones previas que se estaban siguiendo por ese alto Tribunal, como consecuencia de presuntas irregularidades detectadas en el informe de fiscalización del ejercicio 2004, del Ayuntamiento de Rocafort. Informe que fue elaborado por la Sindicatura de Cuentas y remitido al Ayuntamiento en 2006, y del que el Alcalde nunca dió cuenta al Pleno de la Corporación.
  • El 11 de abril, la Sindicatura de Cuentas informaba al alcalde por escrito de que a partir del 22 de abril un equipo auditor se despazaría al Ayuntamiento para iniciar otra fiscalización de diversas áreas de los años 2005, 2006, 2007 y 2008. (Este escrito no estaba ordenado en el Registro de Entrada en el lugar que le correspondía -las Entradas del 11 de abril-, sino en las Entradas de mediados de marzo. (Make revisa semanalmente el Registro de Entrada y de Salida; difícilmente podía encontrarlo si se había traspapelado) Finalmente, dimos con él el jueves pasado, 15 de mayo.
  • El viernes 25 de abril, la juez del Tribunal número 2 del Contencioso-Administrativo de Valencia, ordenó la paralización cautelar de las obras del PAI de el Bovalar. Las obras siguieron adelante a pesar de la paralización judicial. El día 29 de abril, el Ayuntamiento de Godella alertó a la juez de que el Ayuntamiento de Rocafort y la empresa constructora estaban incumpliendo la orden dictada por ella.

El 7 de mayo, me interesé personalmente a través de su secretaria particular, del paradero del alcalde. Y llegué incluso a preguntarle si eran motivos de salud los que le obligaban a ausentarse. Me respondió exactamente esto: “No creo. Pero yo no sé nada”

El día 12 de mayo, durante el Pleno del Presupuesto, los concejales de la oposición preguntamos por las razones por las que el alcalde no estaba presente. El alcalde en funciones, Almela, respondió que era por “motivos personales y algo de salud”. Yo misma, en ese pleno, le dije a Almela que si las razones eran “personales”, el PSOE no hubiéramos tenido inconveniente en esperar 48 horas más para que el alcalde estuviera presente en ese Pleno. Ya que si habíamos esperado 4 meses y 12 días a que se debatiera el Presupuesto, no había inconveniente por nuestra parte en aguardar 4 meses y 14 días.

En la calle “sonaba” que el alcalde estaba enfermo (la mayoría sabemos que su salud no es óptima); aunque las diferentes versiones que corrían sobre su ausencia podían llegar a ser estremecedoras, sorprendentes, o pícaras.

El martes 13 de mayo, Almela contactó conmigo personalmente. Me informó de que el día anterior, después del Pleno, supo que el alcalde había presentado una baja médica y que firmaría otro decreto delegando sus funciones desde el 15 de mayo hasta su recuperación (sin fecha concreta).

Almela me transmitió que la salud del alcalde se había agravado considerablemente.

Esa misma noche redacté una nota personal dirigida al alcalde, en la que le deseaba un pronto restablecimiento y un ánimo fuerte para encarar el delicado momento por el que estaba atravesando. Le señalaba también que las discrepancias políticas que nos separan, y las divergencias -a veces insalvables- que mantenemos en los modos de entender el gobierno y la administración pública no enturbian, al menos en mi caso, el respeto personal. La Policía Local le entregó la carta la misma noche del 13 de mayo.

Un par de días después, alguien dijo haber visto al alcalde en el lavadero de coches de Godella; y hay quien afirmaba que el mismo martes 13 había visitado la Casa de Cultura. Otros, sin embargo, inciden en la gravedad de su enfermedad; mientras hay quien asegura que todo está orquestado para que “desaparezca” durante un tiempo.

No sé qué pasa.

Sinceramente, yo creo en lo que me dijo el alcalde en funciones, Javier Almela. Porque creo que la salud de una persona -o la falta de ella- no puede ser objeto de elucubraciones; ni mucho menos convertirse en una falsa tapadera para evitar afrentas públicas.

Desde aquí, al alcalde, mis mejores deseos para que se restablezca pronto; y que el ánimo no le falle ahora: porque la salud es lo primero.

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