2 de enero de 2009, viernes

Ya se sabe quién es la profesora de la Escuela Infantil Municipal que ha sido sentenciada por el “César” : Lidia.

Lidia no volverá a la Escuela el 7 de enero. ¿Por qué? No hay razones. No hay palabras. Ni una llamada, ni la valentía del cara a cara. Nada. El “César” administra el castigo o la clemencia, él decide y sus acólitos callan. Nadie de ellos osa levantar la voz ante tanta arbitrariedad, ¿por qué?

Siete de las profesoras de la Escuela firmaron su finiquito antes de Navidad; y disfrutaron de sus vacaciones entre octubre y noviembre, porque su contrato vencía el 31 de diciembre.

Los padres y las madres no fueron advertidos de ello; cuando echaban en falta la presencia de alguna, inmediatamente se servía una justificación elaborada para el caso: “Hoy no está.” “Está enferma”…

Todo a media voz, así es como el miedo consume a las personas hasta devorarlas. Mantener a los trabajadores en el filo de la navaja, es una villanía; y jugar con su dignidad a cambio de un contrato de trabajo con el que sobrevivir, es una inmoralidad.

 

Pero, además están los niños.

¿Qué pasa con los niños que acuden a la Escuela Infantil?

 ¿Quién está pensando en ellos?

¿Hay alguien con capacidad pedagógica suficiente para entender de una vez  que los niños entre 1 y 3 años necesitan una referencia clara en su etapa de Educación Infantil?

¿Hay alguien ahí dentro que acierte a comprender que los niños pequeños necesitan aprender a querer a su profesora desde su primer día de cole, confiar en ella, para iniciar el camino de la socialización?

¿Alguien supone que a un niño de esa edad se le puede estar cambiando a su profe constantemente, sin que se vea afectado su desarrollo emocional?

Todo esto es una locura…

Y queda por ver mucho más; tanto y tan grave como empleados municipales, vecinos, y ciudadanos, estén dispuestos a seguir proclamando: “¡Ave Caesar, morituri sunt te salutant!, mientras el miedo o la indiferencia, con total seguridad, acabe con todos.