4 de enero de 2009, domingo

¿Son inocentes quienes ignoran el alcance de sus actuaciones, o de sus silencios, o de su indiferencia?

El filósofo de origen polaco Günther Anders , tras la bomba de Hiroshima, sentenció: “Moriremos ahogados en un diluvio de inocencia”.

Josep Ramoneda , director general del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, al hilo de la frase de Anders, en un interesantísimo artículo en El País de hoy, afirma: “[…] Cuando los responsables ni conocen ni reconocen los efectos de sus actos, todo es posible: si no saben lo que hacen, pueden hacer las peores cosas” (*El País, edición impresa del 04-01-09, pág. 12. Suplemento Opinión)

¿Cuántas situaciones cercanas conocemos que ilustren esa reflexión? ¿Cuántos nombres encajan como anillo al dedo en la descripción?

Ramoneda defiende una urgencia: el retorno de la Política. Y yo no he dejado de hacerlo ni un solo día desde que inicié este blog.

*”[por el oscurantismo y la desinformación] la democracia evolucionará hacia el totalitarismo de la indiferencia, en que nadie es responsable de nada y el miedo reduce cualquier idea de espacio público; y, de vez en cuando, la política generará brotes de populismo como expresión de su impotencia”.

Eso mismo está ocurriendo aquí y ahora; y nadie es inocente ya, mientras no demuestre lo contrario.