15 de febrero de 2009, domingo

Cuando los guiones se construyen con maestría, cuando la fotografía se constituye en texto imprescindible, y la música adquiere la relevancia de un personaje; sólo cabría desear una dirección inteligente y férrera, y un excelente montaje, para que los actores brinquen en la pantalla con extraordinaria fuerza.

Cuando todo eso ocurre, es el que el Cine se ha vestido de gala para obsequiarnos con una pequeña joya. Yo la retengo en mi cabeza desde anoche, «Slumdog Millionaire» fue un regalo fantástico.

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