6 de marzo de 2009, viernes

La dirección del PP se esfuerza en convertir la causa abierta contra determinados cargos públicos que militan en sus filas, en un asunto que afecte a todo el partido como organización. Incomprensible.

Han preferido enrocarse en posiciones defensivas frente a la acción de la Justicia, usando de escudo a miles de militantes y a millones de votantes de su partido, en lugar de dar un paso al frente para defender ese patrimonio fundamental y colaborar con la Justicia para que los presuntos culpables -sean quienes sean-  carguen con la responsabilidad individual que les corresponde.

Una vez conocido el auto del juez de la Audiencia Nacional, por el que se inhibe de la causa en favor del TSJ al haber encontrado indicios suficientes de culpabilidad que afectan a altos cargos de la administración autonómica durante el periodo de la instrucción del sumario, no he escuchado ni una sola voz con responsabilidad orgánica en el PP valenciano que asuma el deber de preservar la dignidad de ese partido, anunciando decisiones que salvaguarden a quienes sí que cumplen dignamente con sus obligaciones; suspendiendo inmediatamente de militancia a los presuntamente implicados, por ejemplo.

Militar en un partido político y ocupar cargos institucionales en su nombre, es mucho más trascendente que la responsabilidad individual que debemos asumir en nuestras actividades privadas; y lo es, porque en ello está en juego el prestigio de las instituciones y la confianza en los instrumentos políticos que están al servicio de los ciudadanos: los partidos. 

Es cierto que la presunción de inocencia es un derecho incuestionable. Pero no es menos cierto, que en los casos en los que la duda razonable se fundamenta en hechos probados, el peligro de ver arrastradas por los suelos las instituciones que garantizan el sistema democrático del que nos hemos dotado, aconseja la intervención inmediata.

Como militante de un partido político que soy, me pregunto quién se está preocupando en estos días difíciles de los miles y miles de afiliados y simpatizantes honrados del PP; porque quienes deberían defender con uñas y dientes el ideario, los principios y los valores de ese Partido -la dirección nacional y la de la Comunidad Valenciana- están más ocupados en utilizar todo eso para medirse contra la Justicia e intentar poner a salvo la imagen pública de unos pocos, que en garantizar la honorabilidad del resto.

Desde el momento en el que el PP optó por asumir como propias las causas penales imputadas a sujetos individuales -y muy relevantes- de sus filas, ha dejado en indefesión a miles de sus propios militantes.

Tal y como está el patio, la pregunta es ¿quién defiende al PP de sí mismo?