30 de marzo de 2009, lunes

El Papa viajó recientemente a África, el continente devastado por el Sida que arroja estadísticas espeluznantes: a finales de 2007, el 59% de las mujeres del África sub-sahariana vivían con el VIH. En ese mismo año, más de 1.400.000 personas morían en el continente negro, víctimas del virus. Y 11 millones 600 mil niños son huérfanos a causa del SIDA.

 

 

Benedicto XVI, de camino a ese infierno, declaró que el preservativo solo agrava el problema del SIDA, y que las soluciones han de ser realistas; es decir, la abstinencia sexual, que, como todo el mundo [el primero de los mundos] sabe, es la que aquí aplicamos todos para no sucumbir a semejante tragedia.

El Papa de Roma viajó al África negra como quien se da un homenaje y visita países exóticos con ojos de turista sabihondo; pero el Papa Ratzinger no es un turista accidental que puede permitirse esa osadía.

La Teología de la Iglesia Católica de Roma estableció el dogma de la infabilidad pontificia*; es decir, aceptó sin discusión que el Papa nunca comete un error cuando con su palabra, sus gestos y sus reproches inspira la doctrina moral a los creyentes.

O sea, para temblar.

*Infabilidad pontificia declarada durante el Concilio Vaticano I, celebrado en el año 1870.

Anuncios