7 de abril de 2009, martes

 La Razón me pide callarlo, por eso lo escribo: en Plenos como los de hoy, la ciudadanía se avergonzaría de la institución que los representa.

Tras cinco horas de sesión, se me ocurre que todos deberíamos preguntarnos quién nos defiende de la mediocridad y del embuste; quién pone freno a los desajustes individuales; quién nos asegura que realmente Aliaga, Llácer, Almela, Llorens y Quiñonero ignoran lo que están consintiendo. Nada, nadie, sino nosotros mismos.

Los ejemplos de hoy ilustran esa desazón que provoca el análisis minucioso de la realidad.

Y observo que el miedo ha hecho zozobrar al alcalde cuando ha impedido en dos ocasiones que el secretario emitiera su opinión acerca de nuestra solicitud para que se celebren los plenos ordinarios que toca: seis, y no cinco anuales como está ocurriendo ahora.

Y constato que Sebastián Bosch sabe que su autoridad está desmoronándose, y la apuntala a duras penas con el “mando y ordeno”. Silencia la opinión jurídica del secretario, y comete errores que socavan aún más la fragilidad de su liderazgo:  no permitir que se votara en secreto (no a mano alzada) esa misma propuesta nuestra ha sorprendido a sus propios concejales, que no daban crédito a tamaña manifestación pública de debilidad. ¿De verdad pensaba que alguno de ellos no seguiría sus directrices? ¿Creía que alguno de sus propios compañeros iban a votar en contra de su dictado por el hecho de permitir el voto secreto?   ¡¿Quién podía pensar hace un tiempo que Sebastián Bosch temiera la “fuga” de alguno de los suyos?!

Y confirmo que algo parecido le sucede a la señora Navarro, portavoz del PP, cuando reta públicamente a sus compañeros de bancada a que alguno la supla en sus funciones de portavoz (si se atreven).

Y concluyo que los esfuerzos de Bosch & Navarro alumbrarán un parto doloroso para los intereses de Rocafort; y aunque el resto de sus compañeros de partido lo sabe, prefieren asistir en silencio y con la cabeza baja al desenlace por si de los restos salvan su futuro. 

Y afirmo que a lo máximo que aspira alguno de ellos en un pleno como el de hoy, es a sentirse ofendido cuando se le devuelve la imagen que proyecta y escucha cómo Pilar Núñez le llama “irresponsable y con poca vergüenza” porque se atreve a decirnos con el mayor descaro que nuestra obligación -sin medios, sin información, sin papeles- es hacerle el trabajo, y no llegar a un pleno y poner en evidencia su ineficacia. A eso aspira el aspirante. ¡¡Uff!!

Y presumo que cuando el desarrollo de un pleno se precipita de este modo, es que ya no hay nadie frente a nosotros que pueda aguantar el tipo a lo que sigue. Por eso, el alcalde, que sabe que aún le aguarda el punto de control y fiscalización a los órganos de gobierno, marca rumbo a la huída y valora cuántos minutos podrán soportar sus huestes las preguntas y los ruegos que les formulemos. Tres, sólo 3 minutos por concejal socialista. (15 minutos para los cinco concejales del grupo socialista; y 15 minutos para el único concejal de Acord)

Y descubro que por mucho que me devane los sesos para exponer aquí con claridad lo que pasa en un pleno; lo que sucede, lo que veo, lo que escucho, lo que percibo, lo que siento y palpo, supera siempre cualquier esfuerzo intelectual que yo pueda hacer para describir una realidad tan devastodora como la que tengo delante.

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