15 de abril de 2009, miércoles.

La descubrí la otra noche, cuando regresaba a casa; allí estaba, en el tramo de la calle Dr. José Vilella entre los números 12 y 16.

(Estas máquinas siempre me impresionan por la fiereza de su aspecto, por la envergadura de su alzado y por lo inexpugnables que me parecen a causa de un diseño casi bélico)

Hoy sigue ahí, quizá más próxima a la esquina de mi casa.

¿Qué hace ahí? ¿Habrá obras en este tramo de la calle para garantizar la seguridad de los peatones, tras 10 años de rogativas al Ayuntamiento?

Me asomo a la ventana y la miro. Cada día avanza un trecho; pero no hay ningún otro artilugio próximo que pueda hacer presagiar que por fin esta calle dejará de ser objeto de indignación para los vecinos que aseguran con absoluto convencimiento que “el alcalde nunca la arreglará porque Amparo vive ahí”

No sé qué pensar, pero cuando la excavadora me observa de reojo mientras corro las cortinas de mi casa, me confirma que sigue ahí esperando órdenes.

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