6 de mayo de 2009, miércoles

La elegancia de Guardiola se traslada al terreno de juego.

La semifinal de la Champions League que esta noche se han disputado el Barça y el Chelsea ha ofrecido trazos brillantes y ásperos encontronazos con un arbitraje pésimo.

Iniesta ha vuelto a demostrar que en el campo, el fútbol (el deporte) está en la cabeza o no está; igual que Guardiola hiciera durante toda su etapa como jugador.

Un empate 1-1 en el último minuto ha reventado los nervios de una afición al borde del colapso. El entusiasmo contagia a un joven que  me dice: “¡Amparo, esto lo tienes que poner el blog!” Y lo escribo aquí.

Hoy he visto fútbol, y un  Guardiola exquisito que me reconcilia con un deporte extraordinario. Nada que ver con la necedad que lo pervierte para convertirlo en el negocio de unos cuantos.

El 27 de mayo, en Roma, la gran final.