22 de mayo de 2009, viernes

Leo en los medios una noticia que espanta: el PP pide el voto en las europeas para “aliviar” el sufrimiento de Camps.

O sea, que no se trata de que los votantes se identifiquen con un programa político determinado, o que defiendan una Europa más acorde con el ideario de cada uno; se trata de “bendecir” con miles de votos la imputación del representante ordinario del Estado en la Comunidad Valenciana, en una presunta trama de corrupción. Se trata de “advertir” al Tribunal Superior de Justicia, que está estudiando la causa, de que los votos conseguidos en las urnas laminan cualquier acción judicial…

¡Ah…, horror! ¿¿Se trata de convalidar a través de las urnas una conducta presumiblemente indecente y reprobable; y de convertir en cómplices a los ciudadanos que depositen su voto a favor del PP??

¡Vamos, anda! ¡Flaco favor estamos haciéndole al Estado de Derecho y a nuestra dignidad como ciudadanos libres, si optamos por recurrir a los votos para justificar comportamientos anómalos!

Quienes opten por elegir al PP, han de hacerlo con libertad absoluta y con conocimiento de causa, y no como una “penitencia” que han de cumplir para que algunos de sus líderes eviten el “examen de conciencia”, y puedan celebrar el “perdón de sus pecados”.

Después de leer lo que he leído en la prensa de hoy, descubro que yo misma confío más en la madurez y en el sentido democrático de la mayoría de los electores del PP que su propio partido

Será porque no concibo la militancia política como una soga que maniata el ejercicio libre de pensar, de reflexionar y de decidir responsablemente. Será porque no me da miedo la discrepancia, y acepto con absoluta naturalidad democrática el debate sobre las ideas y los comportamientos.

Será por eso por lo que sigo preguntándome ¿quién defiende al PP del PP?,  y me descorazona la tesitura en la que la dirección de ese partido ha comprometido a su militancia.