22 de junio de 2009, lunes

 

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Pilar, Make, Ricardo y yo llegamos minutos antes que los autobuses, y al llegar los invitados -los de verdad, los Jubilados- tuvimos la oportunidad de saludarlos personalmente. Cuando llegó Ana Lllorens, en un aparte le quise agradecer su cambio de opinión, pero me dejó con la palabra al vuelo.

Se protocolizaron tres mesas: 

  •  la presidencia (con el alcalde, la concejala Llorens y solo algunos cargos de la Directiva, porque realmente faltaron varios)
  • la mesa 1 (con los concejales Aliaga, Almela, Navarro y la asistente social Mariló Ambou; a la que después se sumaron los dos periodistas que habían preparado el programa de RNE)
  • la mesa 2 (con nosotros: Pilar, Make, Ricardo y yo;  y más tarde Luis, que que como ya habíamos anunciado, por motivos laborales llegó pasadas las 15,30h)

MESA_reducida

Poca habilidad para organizar las mesas. O mucha, para evidenciar la clara intención de la alcaldía y de un par de concejalas, de no compartir mesa con nostros.

Lo intenté, de verdad. Me acerqué a la mesa 1, y les propuse a Almela, Aliaga y a Carla que nos sentáramos juntos. Los primeros se mostraron de acuerdo, pero a Carla se le torció el gesto. Sin mirarme apenas, me remitió a Ana Llorens.

Entonces fue cuando pudo haber pasado…(acabaré creyendo que una de mis “misiones” en esta vida es tranquilizar a Ana)  En cuanto me acerqué, me recibió con el lomo erizado; antes de que pudiera preguntarle nada, ella tenía preparada su respuesta: “Por favor, Amparo. Cada uno en su mesa. ¿Tú ves cómo no podemos estar juntos?” Clarificadora mi compañera de Corporación.

¡No va más!, que diría el croupier a la vista de lo que está en juego. “Tranquila, Ana“.

Igualmente que a ella, le agradecí al alcalde su cambio de opinión; igualmente que ella, al alcalde no les satisfizo en absoluto: “¡Yo no he cambiado de opinión!” (Así es él: obcecado en negar lo evidente, por si cuela)

La comida trasncurrió con tranquilidad, y la gente se sentía a gusto.

Una vez finalizada, el alcalde se acercó a nuestra mesa para despedirse; aprovechó el momento para recriminarme que la carta que le enviamos para excusar nuestra asistencia al viaje de Baillargues, “estaba muy mal”. Machacó la idea de que él aún no sabe nada sobre el tan traído y llevado viaje. “Entonces, tienes un problema alcalde; porque Aliaga el 9 de junio ya conocía una parte del programa, la Banda de Música y la Junta de Moros y Cristianos de Rocafort también, y en la web del Ayuntamiento de Baillargues está publicado desde hace varios días”, le respondí.

Bosch es de la escuela goebbeliana: una mentira mil veces repetida, acabará convirtiéndose en la verdad (decía el autor de la propaganda nazi)

Pero aún es más cierto lo que decía un presidente de los EEUU:  se puede engañar a todo el mundo algún tiempo; se puede engañar a algunos todo el tiempo; pero es imposible engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Allí estuvimos nosotros, en el homenaje a los Jubilados de Rocafort. No hubo discurso porque probablemente el alcalde lo pronunció la víspera en la comida que les sirvieron en el CC “La Beneficencia”; o porque prefirió callar.

Lo cierto es que hoy, tres días después, y desde el mismo corazón de la viejísima Europa (estoy en Viena en estos momentos), la distancia sobre los hechos me provoca una sonrisa.

Hasta la insolencia de la misma Mª Carmen Hevia,  cuando al verme, ostentosamente giró sobre sus talones, y escupió: “¡uf, yo me voy que esto no lo aguanto y me está sentando mal el cigarrillo”, me parece una cursilada propia de quien vive reconcomida por la visceralidad y el sectarismo. Se lo dije: “¡tan mayor, y tan maleducada!, pero por Dios, ¿a qué viene esto? ¿qué sacas comportándote así?”. Salió refunfuñando.

Allí estuvimos nosotros, sí, con la naturalidad deseable por todos; o al menos con la naturalidad exigible en una sociedad moderna y plural como la nuestra.

 

TODOS_reducido

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