9 de agosto de 2009, domingo

El 3 de agosto se cerraron al tráfico diversas calles del municipio: plaza de San Sebastián, Trassagrario, Bonavista y Toledo.

El papel que colgaba de las señalaes de tráfico que impedían el acceso, decía: “A partir del 3 de agosto, cerrada al tráfico. Inicio de obras”. A partir de ese día, se prohibió la circulación y los vecinos con aparcamiento en la zona, tuvieron serios problemas para acceder a él.

Las calles Toledo y Bonavista se han mantenido intactas hasta hoy.  Ni una máquina, ni una zanja. Nada. Sin embargo, la policía local ha tenido más de una intervención, digamos, sorprendente.

Es cierto que la policía cumple con su deber si el acceso a una calle está prohibido, y un vehículo se salta la indicación. Pero no es menos cierto que Rocafort es un municipio de 6.500 habitantes en el que el servicio de proximidad al ciudadano, debería ser, sin duda, el primordial para los miembros de la Policía Local.

Esta es la labor que deberían incentivar los responsables políticos municipales; ésta, y no otra más próxima a quehaceres que han de resolver -y lo hacen- las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. No nos engañemos, la Policía Local de Rocafort cumple con su obligación; una obligación que viene dictada por quienes dirigen políticamente ese servicio.

Cerrar “sine die” dos de las calles más céntricas del casco urbano, sin que los vecinos y comerciantes de la zona hayan recibido información cumplida del calendario, de  los plazos, de las soluciones, y de las ventajas -o desventajas- que podrán reportarles las decisiones “manu militari” del PP, aumenta la indisposición generalizada de todos los afectados. Y dificulta muy seriamente las labores de los diversos servicios municipales que intervienen directamente en las calles.

Resulta increíble que un vecino se vea sorprendido de madrugada por un coche-patrulla, con los indicadores luminosos en marcha, y casi obligado a salir con las manos en alto (soportando comentarios inapropiados) sin ni siquiera poder enseñar su documentación antes de verse en esa lamentable circunstancia. La sorpresa es mayúscula cuando sabemos que lo único que pretendía era acceder a su cochera particular, aunque para ello hubo de transitar por una calle cerrada al tráfico -incomprensiblemente- durante 100 metros.

Repito: la policía hizo lo tenía que hacer a la vista de una infracción. Pero los modos, y sobretodo el contenido real que se esconde en esas formas, es responsabilidad directa de quien las exige convencido de que la Seguridad Ciudadana en nuestro municipio ha de ser un “remake” de los Hombres de Harrelson.

Increíble, pero cierto.