15 de agosto de 2009, sábado

Hemos aprendido cómo paliar este calor que despanzurra el ánimo y se hinca en la piel.

Pero seguimos sin encontrar un remedio factible contra la “agostidad”, que es el agravante con el que se consuman los hechos mientras nos dedicamos en cuerpo y alma a soportar con dignidad el zarpazo de agosto.

En este verano del 9 la “agostidad” ha seguido su curso; ha sido cocinada a fuego lento a nuestras espaldas para que cuando el hecho salga a la luz nos pille a todos más ocupados en apurar unas cañas, en buscar una sombra apetecible, o en preparar las maletas para huir de la rutina.

Quienes confían en la agostidad, lo hacen porque está confirmado que las decisiones adoptadas con ese agravante se derriten en el cerebro social con la misma rapidez que un helado.

Mantengo este blog para combatir la agostidad, por ejemplo.

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