14 de octubre de 2009, miércoles

El pleno del martes 6 de octubre (21 puntos en el Orden del Día), dió para mucho. Además de lo que ya publiqué en mi “post” del pasado 8 de octubre, Rabiosa actualidad, aún quedan por desgranar los puntos referidos al área económica municipal.

Alguien ha comentado que el relato de un pleno merece un texto más parecido al acta de la sesión. Yo no voy a elaborar aquí el acta de la sesión (para eso ya están las actas que redacta el secretario del Ayuntamiento);  sino que seguiré tratando de trasladar lo que veo, lo que oigo, lo que percibo y lo que siento en cada una de esas sesiones.

Si Llácer advirtió sotto voce a sus compañeros de bancada que con toda probabilidad no aguntaría hasta el final del pleno, y yo lo veo, lo percibo e incluso lo oigo, lo escribo. Me parece tan importante describir las actitudes de los presentes como anotar sus intervenciones.(La forma, es el fondo)

Y Llácer aguantó lo que pudo.

De la información contable sobre el estado de ejecución del presupuesto a cuatro meses de finalizar el ejercicio, el alcalde no permitió ni una sola pregunta. Ahora bien, los datos son los que son, y son públicos: el último día de septiembre los Ingresos que alimentan la desmesurada avidez de gasto de este Ayuntamiento no llegaban al 35%  … Nada nuevo que no hubiéramos advertido en diversas ocasiones.

De los Informes desfavorables de Intervención, el alcalde tampoco permitió ninguna pregunta. Pero existen, y allí estaban: contrataciones de Personal, justificación de dineros públicos, cargos en la partida destinada al pago de la Seguridad Social de los empleados municipales …  Nada nuevo que no hubiéramos advertido en diversas ocasiones.

 A la palestra salieron más de 65.000€ en facturas de años anteriores, y Llácer aguantó como pudo. 

Más difícil le resultó centrarse en explicar quién, cómo y por qué se gastó 23mil euros en dos fotocopiadoras sin ampararse a nada ni a nadie. Pero le ayudé a refrescar la memoria y a recuperar la historia de un capricho: alguien con poder absoluto en este Ayuntamiento -por encima incluso del concejal de Hacienda y de Cultura- decidió ponerse en contacto con la empresa Canon y pedirse una fotocopiadora de 13mil euros, y la máquina llegó a la Casa de Cultura. Alguien más, quizá no con tanto poder pero con audacia suficiente, sumó a ese pedido otra fotocopiadora de 11mil euros para la Oficina Técnica. Ni había dinero, ni había solicitud expresa, ni hubo una firma de recepción de las máquinas.

Canon debió mosquearse porque nadie se hacía cargo del montante de la factura (de fecha de noviembre de 2008), y amenazó con llevarse las fotocopiadoras. Llácer defendió con una naturalidad bochornosa que ocurran estas cosas.

En otro punto del Orden del Día defendió con pasión que 48.000€ tenían que volar de una de las partidas de Centro de Día a destinos indecentes; por ejemplo: 30mil del ala para la Casa de Cultura, 6mil para incrementar la partida del sueldo del alcalde y de los concejales del PP, 5mil más para sus cursos de formación, y 7mil más para Fiestas. Desenvainó la mirada, se atusó el cabello, resopló y bramó: “¿¿¿Quiere que le hable de la crisis económica que ha montado Z-a-p-a-t-e-r-o???”  Y ahí se desbordó a sí mismo.

Después del bochorno, aún tuvo ánimo para asegurar que la subida del impuesto de Circulación, y la subida de los precios públicos de las instalaciones municipales eran inevitables porque -y éstas son sus palabras- “la situación económica que ha creado Z-a-p-a-t-e-r-o nos obliga a hacerlo”

(…mmm…mmm…)

Que abrir las puertas de la Casa de Cultura cada mañana nos cueste 1.200€ diarios (sin contar la programación, ni la Escuela Infantil Municipal, ni los cursos de los PCPI, ni los PGS, ni los Talleres para la contratación…); que hayan transcurrido tres años sin que exista un contrato con las empresas que explotan el kiosko de la plaza de España y el Bar del Polideportivo y que el Ayuntamiento no recaude ni un solo euro por la concesión de esos espacios públicos municipales; que más de 750.000€ anuales se gasten en contrataciones irregulares de Personal; que existan más de 30 teléfonos móviles repartidos entre algunos trabajadores y todos los concejales del PP; que más de 100mil euros se hayan destinado a pagar la multa que la inspección de Trabajo impuso al Ayuntamiento por su negligencia en el accidente laboral que sufrieron dos trabajadores; que más de 15mil euros se hayan destinado a pagar el recargo que la Seguridad Social reclamó por ese mismo accidente …  que todo eso ocurra tiene una única explicación según Llácer: la mismísima existencia de Zapatero.

Debió ocurrir que Llácer se desfondó en este punto, porque abandonó el Pleno.

Pero a esas alturas aún había de intervenir Carla Navarro (inefable Navarro) Llegó su momento de gloria con el punto del Orden del Día que debía garantizar el pago de la Seguridad Social de los empleados municipales hasta el 31 de diciembre, después de que la partida -intocable- destinada a ese gasto hubiera sido arrasada con los contratos irregulares de más Personal firmados de puño y letra por el alcalde.

Navarro no conoce límites. Ningún límite. Así habló: “Es una vergüenza el paro que el gobierno de Zapatero está creando … Por eso este Ayuntamiento contratará a todas las personas paradas que se están quedando en la puerta de sus casas (sic) … y sí, seguiremos contratando a quien necesite un puesto de trabajo en este Ayuntamiento … porque el gobierno de Zapatero … porque este Ayuntamiento seguirá contratando … …” (y así, imparable)

Que Navarro manipule hasta la extenuación no es una novedad.

Lo doloroso es que sus tretas pisoteen la dignidad de los ciudadanos. Lo doloroso es que no todos los parados son iguales para este Ayuntamiento, y en su estrategia nauseabunda a costa de un problema tan grave, se permitan elegir sin nigún instrumento que garantice la igualdad de oportunidades, quién puede y quién no puede disfrutar de un contrato (que es injusto en sus propios términos para los mismos trabajadores) concedido para beneficio de intereses privados.

Como la insolencia demagógica es ilimitada, Navarro todavía nos procuró más minutos de indecencia política: ocurrió a propósito de la Moción que el grupo de Acord Municipal presentó en nombre de la Asociación de Víctimas del accidente del Metro del 3 de julio de 2006.

La Asociación no pretendía otra cosa que solicitar, a través de los Ayuntamientos, que el grupo parlamentario del PP en las Cortes Valencianas cumpliera los acuerdos que ellos mismos (el PP) habían adoptado en la comisión parlamentaria correspondiente. 

Fue tan indigna la intervención de Navarro para defender su postura contraria al contenido de la Moción, que no le brindaré ni una línea en este “post” para recordarla. Basta repetir lo que allí mismo le dije: “sra. Navarro, si la Asociación de Víctimas hubiera podido imaginar por un momento que el documento que han presentado iba a servir para que usted se comportara como lo ha hecho, le aseguro que nunca lo hubieran hecho”

Con “salva-patrias” como estos, todos los demás tenemos razones para el desconsuelo.

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