24 de octubre de 2009, sábado

Apenas ocupa ya unas líneas en los medios de comunicación (adiós a eruditas explicaciones sobre las bondades de la decisión), pero durante esta madrugada le ganaremos 1 hora al sol mientras él avanza hacia el solsticio de invierno.

O sea, que mañana amaneceremos como cada domingo pero el día resbalará más lentamente. Actuaremos como si fueran las 2 de la tarde, y sin embargo aún nos quedará por disfrutar esa hora perezosa y tan dominguera que es la 1 del mediodía.

Habrá pequeños trastornos en las comidas familiares, y a la paella de los domingos, en su sobremesa, le sobrará una hora porque todavía no sabremos cómo comportarnos cuando se nos regala tiempo.

Los más pequeños lo tendrán peor, porque a las 20h aún les saldrá el brillo de la tarde y nada podrá convencerlos de que lo que ven no es lo que de verdad está ocurriendo.

Nosotras, las personas adultas, nos manejamos con resignación en éste y otros asuntos. Aceptamos que el día corra a nuestro favor o en contra, y con las horas aprendemos a vivir en eso.

Admitimos que las cosas que ocurren son inevitables, para curarnos el desasosiego que pueda provocarnos la mínima sospecha de lo contrario.

¡No es lo mismo!, exclamaréis algunos.

No lo es, os lo aseguro. Por eso, limitémonos a atrasar los relojes una hora esta noche y no demos crédito a la resignación ni un minuto más.

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