9 de noviembre de 2009, lunes

“La mitad de los italianos son como Berlusconi, y la otra mitad aspira a serlo”, así resumía  un intelectual italiano las razones por las que un personaje de la catadura moral y política de Silvio Berlusconi, concita la aclamación de gran parte del electorado italiano.

¿Exagerado? A la luz de los últimos resultados electorales en Italia, en absoluto.

Lo que creo es:  si una parte de los electores admira a las figuras públicas que logran zafarse de la acción de la justicia alardeando en público de ello mientras exhiben sus peculiares habilidades (y poderes) para hacerlo, es que la formación política y democrática de esa sociedad tiene un problema, y es grave.

No seré yo quien valore la postura de la sociedad italiana, desde luego; porque, puesta a valorar y a ocuparme de lo que acontece políticamente, prefiero buscar una explicación a lo que está pasando aquí.

Como la capacidad de asombro no me abandona, todavía me sobresalto cuando leo qué respondió el president Camps al Juez instructor de su caso por cohecho, cuando le formuló las siguientes preguntas:

(Tras escuchar una parte de la conversación telefónica entre Camps y Álvaro Pérez, “el Bigotes”, en las que éste le repetía al president: “…bueno, pues fíjate, fíjate si te debo”, el Juez Flors inició su interrogatorio)

Juez: ¿Qué le debe a usted el sr. Pérez?

Camps: Todos los valencianos me deben mucho porque he sacado adelante a la Comunidad Valenciana. Los valencianos me gritan ‘presidente, presidente’ cuando me ven por la calle.

Juez: No, señor Camps, lo que le pregunto es ¿qué le debe a usted el sr. Pérez?

Camps: Todos reconocen mi empuje como presidente.

[…]

Una antigua fábula relata la historia de un par de pillos que, haciéndose pasar por prestigiosos sastres, persuadieron al rey de un país lejano de que el traje que le habían confeccionado era tan extraordinario que únicamente las personas más inteligentes  estaban dotadas para verlo.

El rey, para no parecer idiota por no poder ver el traje, se convenció de tamaña estupidez, se vistió con aquel ropaje invisible -e inexistente- y galopó orgulloso y desnudo por todo su reino.  La gente chismorreaba a su paso, pero nadie se atrevía a decir lo que realmente veía porque el miedo les tenía atenazados.

 Un día, mientras el rey se pavoneaba desnudo jactándose de vestir las mejores prendas que jamás se habían tejido, un niño lo miró asombrado y dijo en voz alta: ¡¡el rey está desnudo!!.

Se hizo el silencio entre los presentes, y el niño repitió seguro de sí mismo: ¡¡el rey está desnudo!!  Y a partir de ese momento, el miedo se desvaneció y todos corearon al unísono: ¡¡el rey está desnudo!!  Y el infortunado rey huyó avergonzado.

… …

No sé qué os parece, pero yo creo que nuestros “reyezuelos” particulares han de saber que el resto de los mortales que convivimos con ellos, en las mismas calles, en las mismas plazas, en el mismo pueblo, y en las mismas instituciones, no ignoramos que están desnudos.

El grupo parlamentario socialista en la Cortes Valencianas ya se lo ha dicho hoy al president de la Generalitat y a varios cargos del PP en la Comunidad Valenciana, a través del Juzgado para que no haya dudas: http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/200911/09/espana/20091109elpepunac_1_Pes_PDF.pdf

Aquí en Rocafort, los concejales socialistas se lo venimos repitiendo al alcalde y a sus concejales sin descanso.

Ellos y ellas pueden seguir creyendo que están a salvo de su desnudez, pero a estas alturas ya son menos los que, como en la Italia de Berlusconi, aspiran a la vergüenza de ser como ellos.

 

 

 

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