15 de noviembre de 2009, domingo

Hay un silencio denso en la vida pública de Rocafort.

Estamos demasiado acostumbrados al pálpito de los rumores, y nos conducimos públicamente con aire resolutivo aunque sabemos que hay una procesión de susurros que viaja con nostros.

No me gusta alimentar ese ambiente; es más, lo detesto porque vicia el aire que respiramos y condiciona nuestras relaciones.

Las últimas noticias tienen que ver con el Bar del Hogar de los Jubilados. El PP lanzó un órdago silencioso hace ya un año: convertirlo en un restaurante por encima de los intereses de los propios jubilados.

Hace ya un tiempo, escribí aquí un “post” sobre el asunto y expliqué por qué el grupo municipal socialista habíamos presentado alegaciones contra la concesión de la Licencia Ambiental que el Ayuntamiento aprobaría.

Han pasado cuatro de meses de aquello (el 13 de julio de 2009), y no ha habido ninguna resolución al respecto. Únicamente silencio.

En aquel escrito de alegaciones defendimos el uso preferente del local para los servicios propios de los Jubilados.

 Durante todo este  tiempo, las críticas soterradas de muchos asociados -y de los bares del resto del municipio- han ido creciendo porque las condiciones de explotación del Bar del Hogar provocan indefensión a unos y a otros.

Ahora, el Ayuntamiento, el PP en este caso, ha tensado la cuerda al “interceder” frente a la directiva de los Jubilados para que la tradicional comida que anualmente organiza la Asociación Musical de Rocafort con motivo de la festividad de su patrona, se sirva en el salón polivalente del edificio. La respuesta de los Jubilados no se ha hecho esperar: el uso de ese espacio, especialmente durante los fines de semana, es exclusivo para los asociados.

A la concejala Ana Llorens la han situado a los pies de los caballos sus propios compañeros de gobierno (y no es la primera vez que lo hacen),  obligándola a lidiar un asunto turbio que tiene mucho que ver con “afectos y favores personales”.

Si las decisiones que afectan a los bienes públicos de Rocafort, se adoptaran con la altura de miras que corresponde y con la responsabilidad de quien sabe que el respeto a las normas garantiza el derecho de todos, esta situación incómoda e injusta se hubiera evitado.

Y lo más importante: a este silencio espeso que sacude las relaciones ciudadanas y que re-clama transparencia, ya se lo hubiera tragado el mismísimo diablo.

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