18 de noviembre de 2009, miércoles

Yo también viví un FlashForward: que las pediatras acabarían en el Centro de Día.

Pero el mío no tiene mérito (y no como les pasa a los protagonistas de la serie de Cuatro), porque lo supe leyendo los papeles que se cruzaron la Conselleria de Sanidad-Ayuntamiento-Conselleria de Bienestar Social-Ayuntamiento-Conselleria de Sanidad, y porque me conozco el percal.

En su momento, quise ayudar a la concejala Ana Llorens a incorporarse a la realidad, porque Ana había visto en su FlashForward que el concejal Quiñonero solucionaba el asunto instalando el servicio de Pediatría en “Villa Carmen” (chalet de Chastel), y, de paso, ascendía a los cielos de la participación ciudadana.

Pero el estado de las cosas es el que es: Llorens vive una ensoñación permanente, Quiñonero no se encuentra, y a ambos ya les hemos pagado casi 30Mil€ por el hecho de no existir.

Aunque en el capítulo de anoche descubrimos que en la famosa serie de TV hay quien cree que apartándose de en medio evitará la tragedia, la realidad acongoja a los vecinos de Rocafort porque no se vislumbra héroe en el equipo de gobierno municipal capaz de frenar el final que nos espera. Y mi FlashForward ya se ha cumplido.

Para no perderme el itinerario del descarrilamiento, leo el BIM que ya está en la calle y descubro que no hace falta ser un lince para sumarse al grito de auxilio que lanza Manuel S. Jardí en su columna de “El País” de hoy.

Es lo que hay.

Anuncios