24 de noviembre de 2009, martes

Al concejal de Fiestas –Agustín Aliaga-, ya le pedimos en la pasada edición de la “San Silvestre” que se diseñara un circuito para los niños, y que se estableciera una categoría femenina. Bueno, pues ni lo uno ni lo otro.

Y es que como no hay manera de que atienda opiniones diferentes a las suyas y los cambios le resultan sobrecogedores, ha resaltado que para “ayudar” a los niños ya están sus padres; y en lugar de crear una categoría para Mujeres (como ocurre en los Deportes) que tenga en cuenta las diferencias físicas entre ambos sexos, ha decidido por su cuenta y riesgo, convencido de que protagonizaba una heroicidad, que las mujeres también podrán aspirar a un premio en metálico -los hombres siempre lo han tenido-,  pero con una considerable “rebaja” respecto a ellos: un hombre, 125€, una mujer 75€.

Lo que Make y yo hemos considerado una broma (de mal gusto), ha resultado ser tan cierto como que ya está preperada la cartelería.

Nuestro asombro, unido al de Carla Navarro, Ana Llorens, y Alejandro Llácer, no parecía provocarle ninguna duda acerca de la decisión que había adoptado. Y como en este asunto siempre hay quien la tira más larga, provocando la desdichadas aproximación de los extremos, José Antonio González ha afirmado: “Yo no estoy de acuerdo con las discriminaciones de ningún tipo. Ni hombres ni mujeres: todos igual” (En este caso, ha habido que explicarle al concejal de Acord-IxR que hombres y mujeres no somos iguales, y que lo que reclamamos es la igualdad de oportunidades, y no de sexos.)

Una vez que Aliaga y González han aceptado que las desigualdades físicas entre nosotras y ellos existen (la complexión física, la potencia, la fuerza, la resistencia, el ritmo cardíaco, la capacidad torácica, etc. etc.), parecía que avanzábamos. Pero no.

Y es que “el todos iguales” no ha hecho sino consagrar la discriminación, porque hombres y mujeres no participarán en igualdad de condiciones (físicas), y, por lo tanto, no tendrán las mismas oportunidades de conseguir los primeros premios ellas que ellos.

Lo dicho, los extremos tienden a unirse.

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