24 de enero de 2010, domingo

Sí, creo que hay que explicarlo; porque a medida que avanza este mandato municipal (2007-2011), en el que la presencia y la labor de la oposición -en lo que respecta al grupo municipal socialista- se ha hecho evidente, la presión social y política que ejerce el PP para distorsionarla va en aumento.

El papel fundamental que la Constitución y otras normas legales reserva a la Oposición, es el control y fiscalización de las tareas de gobierno, en cualquiera de sus ámbitos; garantizando de ese modo, la presencia y la participación en las actividades públicas y políticas del cuerpo electoral al que representa; y asegurando, al mismo tiempo, el funcionamiento del sistema democrático.

La “oposición” no entorpecemos la labor del gobierno, como afirma el PP municipal, sino que la vigilamos. Ahora bien, si sentirse observados y saberse controlados -situaciones que no aciertan a entender todavía- , lo interpretan como un freno a su actividad, es que algo falla, y no es la labor de la “oposición”, sino los objetivos reales de la actividad que desarrollan.

Para el gobierno municipal, cualquier pronunciamiento que ponga en duda sus acciones, es un obstáculo intolerable. Las propuestas que expresamos para mejorar aspectos importantes de la gestión de los intereses generales de Rocafort, es una intromisión inadmisible. Verse obligados a a explicar sus decisiones, a convencer con argumentos solventes, a compartir objetivos, a negociar soluciones … verse obligados, en definitiva, a rendir cuentas de sus actos y a convivir respetuosamente con quienes no pensamos igual que ellos, es un escenario en el que no estaban acostumbrados a actuar.

Machacar ese planteamiento les sale a cuenta, en algunos casos.  Especialmente entre aquellas personas que siguen pensando -y defendiendo- que ganar unas elecciones es “patente de corso” para hacer y deshacer al gusto de los vencedores. (Sí, ‘vencedores’, para que puedan existir ‘vencidos’; un ámbito que explica sin ambages el concepto político en el que se mueven)

Esta tarde, una amiga me ha relatado lo sucedido en el Centro de Salud hace unos días. Un usuario escuchaba atento la conversación entre dos mujeres; una a la otra se explicaban las incomodidades y los retrasos en las obras de las calles más céntricas del municipio.

Una de ellas, defendió los desvelos del PP municipal por los problemas que las obras “de Zapatero” (sic) están provocando, informando a la otra de que “el PP perdonará todos los impuestos a los vecinos de la zona y a los comerciantes”.

El usuario irrumpió en la conversación presentándose y facilitando su formación académica para intervenir con la autoridad que algunos creen que les conceden títulos universitarios más o menos rimbombantes, o el hecho de residir en una zona u otra de Rocafort.

 El hombre inquirió a las mujeres: “¿por qué las mujeres rehuyen hablar de política? ¿por qué no hablan ustedes de la verdad de todo este asunto..? De que la culpa de todo la tienen los concejales socialistas que no dejan al gobierno municipal que haga su trabajo …, y ponen trabas a todos los proyectos del PP […]”

Mi amiga, que había escuchado a unas y a otro, se decidió a intervenir: “Tiene usted toda la razón, las mujeres también tenemos que hablar de política.  ¿Saben ustedes quién decidió sin consultar con nadie en qué iba a gastarse el Ayuntamiento el dinero del Plan-Zapatero?: el PP.

¿Saben ustedes que los concejales socialistas pusieron sobre la mesa, mucho antes de que el PP presentara las suyas, otras propuestas para invertir ese millón de euros en obras urgentes para Rocafort?

¿Saben ustedes que el PP se negó a estudiarlas, a valorarlas y a debatirlas?

¿Saben ustedes que los concejales socialistas, cuando vieron el proyecto de las obras, ya advirtieron de los problemas que provocarían, y aportaron soluciones que hubieran evitado  en lo posible muchos de esos problemas?

¿Saben ustedes de quién es la propuesta de ‘perdonar’ los impuestos municipales a los afectados por las obras?: de los concejales socialistas.

[…]

Mi amiga me dice que se quedó la mar de satisfecha, y que el hombre que había reclamado la participación de las mujeres en debates de política, se ajustó el collarín y se calló. Las otras dos mujeres, pensativas, permanecieron en silencio también.

El relato de mi amiga pone a cada uno en su lugar.

Y si de algo sirve este “post”, que sea, al menos, como aviso para navegantes.