12 de febrero de 2010. Viernes

Anoche asistí a una cata de las Bodegas Hispano Suizas , en “El Corcho” de la calle Bonavista.

Degustamos buenos caldos, y charlábamos los presentes, encantados de conocernos y de re-conocernos, de las cosas que pasan y de las que no pasan.

A un paso del Bassus Premium (un tinto excelente), Antonio Moreno Herrera, poeta de Rocafort, me ofrecía bocados de su libro “Entre el vivir y el soñar. (Villa Amparo)”, mientras pergeñaba en voz alta la presentación de esos poemas que ofrecerá en la Casa del Poble el próximo viernes, 19 de febrero, a las 20h.

La admiración que Antonio profesa por Machado, y su amplio conocimiento de la obra del poeta castellano, le han llevado a construir un poemario que ha prologado Carlos Aganzo, director del diario “El Norte de Castilla”. 

– “¡El libro existe, Amparo!”, me decía con una satisfacción imborrable de su sonrisa.

Antonio Moreno, anoche, rezumaba un entusiasmo contenido entre copa y copa, mientras el enólogo que dirigía la cata desgranaba adjetivos locuaces para fijarnos los sentidos del olfato, del gusto y de la vista. Quizá por eso, Machado brincaba de sus gestos a los de Felipe, y de su voz a la mía. ¡Eran los únicos sentidos que manteníamos libres!

Ha sido hoy, esta misma mañana, cuando, temblando de emoción, me ha comunicado el desenlace feliz de su empresa: Antonio Moreno ha ganado el Premio Internacional de Literatura, Antonio Machado, que anualmente concede la Fundación Antonio Machado de la ciudad a la que fue arrojado para morir, Colliure. 

 

Ésta es la reseña que escribe Aganzo en el prólogo del libro premiado hoy:

Tras el vivir y el soñar, un verso de A. Machado, intenta ser una recreación, entre ficticia y real, de la estancia del poeta en Rocafort (Valencia), alojado en un chalet expropiado, Villa Amparo, desde noviembre de 1936 a abril de 1938, de donde parte para el exilio y la muerte.

Villa Amparo, en un devenir casi obsesivo de presente y pasado, se convierte así en foco temático de dos ideas: la guerra, que el poeta rechaza (espanto y grima, dice) y el fracaso de un proyecto, la República, a la que no se cita formalmente en todo el poemario, pero que está como patético trasfondo.”

Hace un rato, Antonio me ha escrito:

¿Qué me llevó a presentarlo a este premio? Sabía que, bueno o malo, tenía que entregar mi tributo a una tumba y a un ideal. A él, el poeta bueno, se lo entrego. Como dice un verso del poema: ¡Qué corta puede ser la vida/ y qué perenne un verso! O como proclama el primer poema del prefacio: Que quede la constancia.

 Esta noche cenaremos juntos con un grupo reducido de amigos, y he comprometido dos brindis: el primero y el último. El primero será en su honor; y el último, por la suerte que hemos tenido todos de habernos encontrado en el camino.

 

 

Sé feliz Antonio, porque yo quiero verlo.