21 de febrero de 2010. Domingo

No sé qué decirles a los inocentes.

Porque no sé cómo empezar para explicarles que si su contrato de trabajo con el Ayuntamiento no ha sido renovado, no ha sido “por falta de dinero”, sino porque el alcalde contrata a las personas que quiere, cuando las quiere y como mejor conviene a sus intereses.

Porque no sé cómo evitar la herida a la gente que ha fijado sus esperanzas en un puesto de trabajo en el Centro de Día, que, si algún día entra en funcionamiento, será una empresa privada quien lo gestione y que, gracias al equipo de gobierno local, que se negó a incluir en las condiciones nuestra propuesta de que los puestos de trabajo fueran para vecinos de Rocafort, no tendrá ninguna obligación de contratar a nadie de aquí.

Porque no sé cómo aclararles a los ancianos de mi pueblo que aspiran legítimamente a una plaza en ese Centro “fantasma”, que sólo dispondrá de 20 plazas y que, con toda probabilidad, la inversión de más de 500.000€ que se hizo, servirá para cubrirle las espaldas a la Generalitat y acabarán siendo concertadas con la administración autonómica; y eso convertirá el Centro de Día en un servicio a disposición de las prioridades que la Conselleria marque.

Porque no sé si escribiendo lo que escribo, llegará un anónimo -observador astuto del comportamiento ciudadano- que  interpretará como obstruccionismo lo que únicamente es una constatación de lo que pasa.

Sobre lo dicho, aporto los datos:

Los servicios sociales del Ayuntamiento reciben subvenciones para la contración de personal. Y este año, sumarán casi 200.000€ más, que recibirán del Gobierno de España (PlanE-2010)

El alcalde sigue contratando personal, discrecionalmente, con informe desfavorable del Interventor (los últimos contratos, el 15 de febrero)

Las únicas dos empresas que se han interesado sobre la gestión del Centro de Día, mostraron su disposoción si, y solo si, las plazas del Centro son concertadas con la Generalitat.

Porque no sé si el alivio de los inocentes es que conozcan la verdad, o que sigan creyendo la realidad inventada que les inyectan sin piedad.

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