30 de julio de 2010. Viernes

“Si tú me dices ven …”, y Alejandro Llácer protagoniza de nuevo otro episodio inolvidable de la historia municipal: vuelve a la andadas.

Por segunda vez consecutiva, repite el guión que ya representó en diciembre de 2008 y que re-estrenó el pasado 28 de junio presentando por escrito al alcalde su -segunda- “renuncia irrevocable”; y ahora, apenas transcurrido un mes de sus ampulosas declaraciones a los medios de comunicación en las que afirmaba que abandonaba sus delegaciones porque su utilidad sería mayor colaborando con todas las concejalías, gracias a su profundo conocimiento de las labores de gobierno que se desarrolla en cada una de ellas (sic), y porque iba a entregarse a su trabajo en el partido, ahora vuelve sobre sus pasos y se desdice de lo anterior para volver a asumir las delegaciones a las que ya ha renunciado por segunda vez en año y medio.

Ignoro cuál será la justificación “oficial”. Tampoco importa. Lo disfracen como lo disfracen en esta ocasión, tanto uno como el otro, Bosch y Llácer, manejan y aplican para asuntos tan relevantes como la responsabilidad pública y el compromiso con los ciudadanos, conceptos delirantes propios de escarceos, batallas y otros juegos sumamente peligrosos para el interés de los vecinos de Rocafort.

Llácer, el eterno aspirante, vuelve adonde siempre estuvo, a la derecha de su mentor.

“¡Joder, qué tropa!” (Conde Romanones dixit)

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