3 de septiembre de 2010. Viernes

 Celebro el día de “el gos” disfrutando de la playa en septiembre. Empiezo a trabajar, y la metereología me acompaña en el trance. Calculo un par de días para que el recuerdo de las Fiestas Mayores lo almacenemos en lugar fresco, y la gente es ahora cuando empieza a digerirlo.

Y, encima, la concesión de la plaza de España se ha convertido en un panal de rica miel al que todos acuden atraidos por los rumores y por las certezas.

Alguien aventuró que la adjudicación daría que hablar; y, visto lo visto, sabía lo que decía.

Cuando el alcalde y su equipo decidieron quién y cómo debía encauzar el procedimiento de todo esto, no calibraron que la gente, los ciudadanos de Rocafort, ya no tragan con ruedas de molino.

Personalmente, y tras leer los diversos comentarios que aparecen aquí -y algunos otros que no he autorizado porque rebasan los límites que impuse hace ya mucho tiempo-, considero que alguien debe dar una explicación.

La arrogancia y la insolencia son muy atrevidas; solo los ignorantes y los déspotas saben hasta qué punto.

¡Vaya con la plaza de España! Con el tiempo que hemos estado esperando su re-apertura … con los meses de primavera y de verano que nos han arrebatado … con las tardes y las noches que nos hemos perdido … ¡Tanto, para tan poco respeto hacia todos los vecinos de Rocafort!