6 de octubre de 2010. Miércoles

Tras un pleno ordinario (y ayer lo hubo), hay que respirar hondo y apostar por la esperanza. Yo lo hago.

Vale la pena seguir trabajando, y olvidar las insolencias que escucho. Y es difícil,  porque, aunque me someto a un periodo de “descompresión” antes de escribir la crónica de un pleno, es difícil pasar por alto la actitud caciquil del alcalde;  las reiteradas impertinencias de Carlota Navarro; o las innecesarias (por falsas y arrogantes)  intervenciones de Llácer.

No me gusta, no me gusta esa forma de entender la vida municipal. Discrepo profundamente de comportamientos intolerantes y desafiantes que ponen en jaque valores irrenunciables como el respeto y la honradez. No comparto que la mentira o el engaño suplanten la realidad evidente que se cae a trozos.

Cualquiera de los plenos que se han celebrado hasta ahora resulta doloroso porque se insulta a la inteligencia de los ciudadanos; porque el desdén, la arrogancia o la marrullería protagonizan monólogos insostenibles; porque no es posible el diálogo, la colaboración o el justo debate en el que los argumentos puedan defenderse con pasión, si es necesario,  pero con datos, con números y con hechos.

Todo eso hemos de recuperarlo: que el pleno del Ayuntamiento sea un espacio plural. Donde se pueda hablar, escuchar, pensar, razonar y decidir con libertad y con conocimiento de causa. Un pleno en el que todos los concejales dispongan de toda la información y la formación que necesitan para gobernar con prudencia, o para defender sus posturas desde la oposición. Sin gritos, sin trampas. Un pleno lleno de vecinos que puedan intervenir, preguntar y opinar.

Ese es el pleno del Ayuntamiento que merecemos, y es el que solo nosotros -los vecinos de Rocafort- podemos decidir que exista a la vuelta de unos meses.

Entonces, solo entonces, los vecinos habremos empezado a recobrar la confianza en el Ayuntamiento. La institución que decide pequeñas cosas que nos pueden hacer un poco más felices, la que planifica nuestro futuro y debe hacerlo con nostros, la que debe estar a nuestro servicio sin rodeos, ni engaños … solo entonces.

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