Martes 1 de febrero de 2011.

El estado de ejecución del Presupuesto refleja, periódicamente, los Ingresos que ha habido (y la previsión inicial), y los Gastos que se han comprometido (y la previsión inicial).

Cuando una lee el documento que el gobierno municipal ha presentado hoy en el Pleno, respecto a la ejecución presupuestaria de todo el ejercicio de 2010, se sorprende: los datos arrojan un superávit de casi 700 mil euros (692.064€, para ser exactos)

Conociendo el percal, Pilar Núñez repasa los números y advierte un aumento extraordinario en la recaudación prevista del IBI.

Ella se congratula públicamente de que un incremento de más de 1 millón 600 mil euros por ese concepto, significará cerrar el ejercicio con superávit … el concejal de Hacienda, en lugar de mostrarse encantado (?), feliz (?), sorprendido (?), o quién sabe en qué otro estado emocional más acorde con las circuntsancias,  ha preferido intervenir con la arrogancia que le caracteriza: “¡Eso es imposible …! ¿De dónde se saca usted ese dato …?”

Pilar le contesta: “Del documento que usted y el alcalde nos han traido al pleno. ¿Es que no se lo ha leido? …” (No, no se lo había leido … ¡claro está!)

Llácer pide los papeles, abre los ojos como platos, y afirma: “Esto no puede ser. Esto es un error”

¿¿¿Un error de 1 millón 600 mil euros??? … ¡Glup, glup!

Lo peor ha llegado a continuación… cuando había que encontrar a quien cargar la culpa, y si no estaba presente, mejor todavía ¡Con lo elegante que hubiera sido pedir disculpas, y subsanar el error  inmediatamente aportando el dato correcto! Hubiera sido tan sencillo que el alcalde hubiera dicho: “Sr. Interventor, traiga el dato correcto, por favor”, en lugar de permitirse comentarios absolutamente impertinentes.

Pero no me valen ni los exabruptos del alcalde, ni el gesto descompuesto de Llácer. Si yo firmo algo, me responsabilizo de lo que firmo.

Cualquiera que traslade los datos a un programa informático, puede equivocarse. Pero los errores pueden detectarse a tiempo: y el concejal de Hacienda y el alcalde están en la obligación de leer (y de entender) lo que firman.

Antes de comenzar el pleno, el presupuesto de 2010 se cerraba con un superávit (¡aparente!) de casi 700 mil euros. Al concluir el pleno, el déficit puede rondar los 900 mil euros.

¡Ver para creer!