Jueves 10 de febrero de 2011.

Dos comentarios firmados por AVI y por Majo, a propósito del Parc de la Llum, me animan a publicar este “post”  re-escribiendo la que ha sido mi respuesta, porque la nostalgia es la edad que no volveremos a tener.

Cualquier evocación de la infancia o de la adolescencia incorpora estampas idílicas que, con el paso del tiempo, cobran su verdadera naturaleza: quizá no éramos tan felices por lo que sucedía, sino porque nos sucedía a nosotros.

Pero en mi “post” sobre el Parc de la Llum no quise hablar de la nostalgia;  porque la nostalgia no construye el presente, y mucho menos el futuro.

En cualquier caso, el debate sobre el Parc de la Llum ya no importa, porque el parque ya no existe. Importa, eso sí, los métodos que  practican un grupo de personas, con responsabilidad de gobernar el Ayuntamiento, para priorizar sus intereses por encima de los de las personas. 

E importa, porque sigue existiendo, esa reiterada intención de mezclarnos a unos políticos con otros, como si todos fuéramos iguales. Aunque la comparación en Rocafort no resiste la evidencia, sigue habiendo gente empeñada en ello. Y eso es tanto como condenar de antemano las opiniones de las personas, por el simple hecho de que compartan o no las ideas -o algunas de ellas- de un partido político concreto.

 

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