Martes 22 de febrero de 2011

Mientras sonaba el sorteo de Navidad, la mía -mi Navidad- acabó cuando ingresé en el IVO.

Hoy hace dos meses que viví la misma angustia que miles de mujeres en el preparotorio para una intervención quirúrgica doble a la que la ciencia médica ha otorgado dos nombres que no desvelan su secreto: histerectomía y ooferectomía  (extirpación de útero, y extirpación de ovarios y trompas)

El temor desapareció días más tarde, cuando los resultados de la biopsia arrojaron un resultado negativo.

Durante todo este tiempo, he convivido con el dolor; pero la prudencia y la voluntad de recuperarme, han ganado la partida.

Mi familia ha sido pieza fundamental para mi recuperación, y mis amigos me han aportado un apoyo impagable. A mi casa han venido a visitarme personas a las que les agradezco profundamente ese gesto; y el teléfono primero, y poco después mis salidas a la calle, me han mantenido unida a otras tantas que ni siquiera podía imaginar.

Hoy me he reincorporado a mi vida laboral.

Del dolor apenas me queda un recuerdo vago que la cicatriz que me cruza el abdomen aún espabila de vez en cuando. La prudencia la mantengo para que la voluntad siga creciendo; porque la esperanza, la misma que abrigan miles de mujeres que como yo han trabajado duro para acariciarla, ha de abrirse camino. A todas ellas, y a las que quizá algún día hayan de enfrentarse a esto, mi apoyo, mi cariño y mi reconocimiento.

He vuelto recuperada, y he vuelto para quedarme.

¡Gracias!

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