Miércoles (Santo) 20 de abril de 2011
Sevilla llora el enclaustramiento obligado de sus tronos. Pasó el Lunes Santo, y arreció la lluvia el Martes de Pasión.
Eso es lo que tiene la primera luna llena de la primavera, que no sabe a quien le arranca las lágrimas.
Con la voz rota, los cofrades y el gentío que les acompaña esperan sin mirar al cielo que el Jueves y su “Madrugá” vuelva a estremecerles sin más explicaciones que el temblor de los tronos y de las velas. Más que suficiente.
Si yo el Miércoles Santo estuviera en Sevilla, me arrimaría a encontrarme con la Hermandad del Baratillo para escuchar la marcha de Paco Lola cuando la Caridad va de recogida. La misma que tarareo en voz baja cuando la Banda de Rocafort la interpreta los días de procesión.
Me gusta la Semana Santa de Sevilla porque anuda el estómago y silencia la cabeza. La he vivido dos veces, y buscaré la tercera.