Jueves 5 de mayo de 2011
 
 
Tener que repetir a estas alturas que el cumplimiento de la ley (sea cual sea su rango: estatal o autonómico) es inexcusable, ¡ya tiene narices!
 
 
Pero he de repetirlo una y mil veces más porque existe la intención de confundir lo que está clarísimo:
 
 
  1. La ley y la jurisprudencia del Tribunal Supremo no permite que los cargos públicos paguen con fondos públicos su defensa en causas penales.
  2. Cuando un cargo público es acusado por la vía Penal, debe hacer frente a su defensa con cargo a su bolsillo.
  3. En el caso de que sea declarado inocente o que el tribunal no aprecie pruebas suficientes para condenarlo y decida archivar el caso, el cargo público podrá solicitar que la administración a la cual representa le pague los gastos.

 

Es decir, que si un cargo público es acusado falsamente o sin pruebas suficientes puede solicitar el reembolso de los gastos de su defensa.
 
 
Quienes conocemos lo que se cuece en el Ayuntamiento y cómo se cuece, rogaríamos que la ley regulara hasta los mínimos de decencia.
Pero eso no compete al marco legal sino a la conducta individual de las personas y a su concepto ético de lo que ha de ser el ejercicio del cargo que se ocupa.
 
 
Por lo tanto, no confundamos el meollo del asunto y déjense de zarandajas quienes en lugar de apuntar sobre el comportamiento de algunos cargos públicos en el Ayuntamiento prefieren marear la perdiz.
 
 
Es indignante que en lugar de pedir responsabilidades legales, éticas y políticas a quienes incumplen sus obligaciones (las legales, las éticas y las políticas) en el Ayuntamiento, haya quien se dedique a apuntar contra la norma legal con el descaro, además, de interpretarla (torticeramente) en su beneficio.
 
En un Ayuntamiento normal nada de esto pasaría. Pero en el nuestro sucede porque además de tener al frente del gobierno municipal a personas que no creen que deban ofrecer explicaciones sobre sus actos, también hay quien prefiere mirar hacia otra parte y  diluir la gravedad de ese comportamiento.
 
No quiero ni imaginar las razones de esa actitud desconcertante.
 
No hay duda de que depositar el voto en la urna es tomar la decisión de elegir a las personas que nos representen en el Ayuntamiento.
 
es una acción consciente y responsable con lo que queremos y con lo que nos encontramos después.