Martes 19 de julio de 2011

De camino a casa me pregunto quién decide -sin reflexión alguna- que el trabajo y la dedicación de los servidores públicos no tiene valor.

Reparo en las calles que voy cruzando, calculo el dinero que necesitamos para mantenerlas en condiciones y soy capaz de citar de memoria las condiciones que impondremos en los nuevos contratos de servicios públicos que estamos preparando, evoco escenas y conversaciones que han sucedido a lo largo del día (algunas reveladoras y otras inconsistentes), vuelvo a confirmar que los contenedores subterráneos precintados ilustran la estupidez de una época, aún trato de entender qué ocurría exactamente en el ayuntamiento antes del 11 de junio, no puedo olvidar los problemas más acuciantes, entro en el Parc de la Llum y lo recorro… con los más de 240.000€ que ha costado ponerle un pisito a Poco-Yo hubiéramos podido crear un parque para niños de todas las edades y organizar las obras más urgentes del colegio público y del polideportivo.

He salido de casa a las 7,50h y entro en ella 14 horas más tarde. Ahora me esperan las cosas de casa.

Escribo esto y no me resigno: ¿quién se atreve a tratarnos a todos los servidores públicos por igual?

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