Domingo 24 de julio de 2011

Cerremos esta semana.

A saber: lunes,  se conoce la sentencia condenatoria contra el ex-alcalde con una a pena de 3 meses de prisión, inhabilitación para el ejercicio del sufragio pasivo, multa, y su obligación a indemnizar a las tres víctimas con una suma que ronda los 300.000 (sin contar los intereses y el 50% de las costas procesales que también habrá de asumir)

La misma sentencia declara al ayuntamiento responsable civil subsidiario en el caso de que el acusado no haga frente a la condena económica (teniendo en cuenta que la compañía de seguros asumirá únicamente lo que cubre su póliza)

Mientras, también el lunes, el Palau de la Generalitat sigue convulsionando a causa de la agonía (política) del representante ordinario del Estado en la Comunidad Valenciana que lo habita.

La llegada del martes no mejoró las cosas, sino todo lo contrario. El President de la Generalitat sigue escuchando los consejos contradictorios que lo mantienen en el puesto -si acepta su culpabilidad- y lo elevan al martirio -si no lo hace de manera evidente-, indistintamente.

El miércoles pasamos del drama al sainete con la vocación indiscutible que caracteriza a los “valencianos de bien”. Es premonitorio el paseíllo de 2 de los imputados hasta el TSJ donde firman su culpabilidad como autores de un delito de cohecho.

En el mismo periodo, es evidente que otro de los imputados, escocido por episodios anteriores e imputado en otras causas, no está dispuesto a inmolarse si en el trance no le acompaña su jefe de filas.

Las puertas del TSJ se abren para recibir al más esperado de los cuatro: rubricará el texto que su abogado defensor ha presentado a media mañana en el alto tribunal valenciano aceptando su culpabilidad.

Las puertas del TSJ se cierran sin que nadie acierte a comprender el trajín, sabiendo como se sabe el deleite que provoca el sainete a los patriotas de nuestra tierra en los momentos más delicados.

La tarde, abrasadora, entre en ebullición con la decisión: el President de la Generalitat presenta su dimisión.

El jueves, Juan Cotino (President de les Corts) se hace un lío y, en un descuido, cita a Galileo. Entonces es cuando comprendemos que el President de la Generalitat ha sido arrojado a las fauces del infierno precisamente por quienes comparten con él el sentido trágico de la vida.

Lo peor llega el viernes: un joven rubio de ojos verdes, que se define como cristiano conservador, antiizquierdista y xenófobo, asesina a 85 jóvenes socialdemócratas en las proximidaddes de Oslo después de haber provocado 7 muertos más en el centro de la ciudad.

Aumenta la náusea leer en todos los periódicos los fundamentos de su macabra decisión.

El sábado languidece con la noticia de la muerte de Amy Winehouse.

Hoy es domigo y el día transcurre en silencio. Es la sensata obligación que nos imponemos para recuperarnos de toda esta locura.

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