Primer día de agosto de 2011. Lunes

Escribir y pensar.

Cuando la rabia se instala en el pensamiento la escritura es atropellada.

Es fácil reconocer ese comportamiento irritado porque en lo que se escribe no fluyen ideas sino furia estéril y las frases cumplen la función del dardo. Por eso, no hay manera de encontrar un solo punto y aparte que indique que el autor del texto (o la autora) paran para respirar y para seguir pensando y es cuando los errores se multiplican hasta extremos que rozan el ridículo.

Escribir no es fácil cuando pensar ordenadamente y reflexionar no es lo que se pretende sino justamente lo contrario: la confusión como caldo de cultivo para la rabia y el resentimiento.

Antes, yo relataba las crónicas de los plenos como portavoz del grupo municipal socialista en el ayuntamiento y me imponía una severa “descompresión” para evitar tener que batirme en duelo con el teclado. Lo hacía, además, para que los datos incontestables que publicaba no se confundieran con mis deseos y unos y otros viajaran siempre por separado. Recomiendo ese ejercicio.

Ahora ya es posible satisfacer la curiosidad acerca de lo que se dice en los plenos y de cómo se dice accediendo a las grabaciones íntegras de todos los que se han celebrado a partir del 11 de junio de este año.  Hemos avanzado un paso más.

Uno (o una) puede y debe mostrar su desacuerdo con las propuestas que se someten a valoración, pero está obligado (u obligada) a tener la valentía de argumentar con información veraz y con un comportamiento consecuente que avale ahora sus actuaciones y sus decisiones pasadas.

Mientras eso no ocurra el debate que se provoca es falso y, aún peor, estéril.

Las contradicciones cuando son públicas (¡y tan evidentes!) también pueden resolverse escribiendo para pensar.

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