Martes 16 de agosto de 2011

Es tan fácil de creer ahora como difícil era de imaginar en toda su amplitud hace apenas un par de meses.

A saber: la evaluación de daños acarreados.

Los hay materiales y morales. Los primeros nos afectan al bolsillo, a la confianza y al respeto. Los segundos han insultado a la inteligencia de quienes vivimos aquí.

Todos los daños han hecho mella en una administración municipal que hace aguas, dolida y doliente.

Sin embargo, la honestidad de un grupo de magníficos servidores y empleados públicos, ávidos por recuperar un servicio digno y eficiente, hacen posible un pequeño milagro diario. ¡A todos ellos y ellas, mi reconocimiento!

Dos meses después de casi todo, este “post” va dirigido a los hombres y mujeres que han resuelto en este tiempo situaciones gravísimas provocadas por la negligencia acumulada durante años; que han desvelado los problemas en toda su crudeza para que las soluciones puedan acelerarse; que ofrecen su tiempo y su trabajo a cambio de nada; que defienden el servicio público por encima de cualquier otra consideración; que siempre responden con una amplia sonrisa de afecto cuando su dedicación requiere un esfuerzo mayor; que brindan sus aportaciones con entusiasmo y con rigor profesional.

Sin horarios, sin prejuicios, sin intereses distintos a los que nos unen sea cual sea el ámbito de responsabilidad en el que nos movemos.

Mi “post” de hoy va dirigido a personas que se reconocen en él y que no necesitan ver escrito aquí su nombre, pero los vecinos de Rocafort han de saber que existen y que su trabajo está siendo impecable.

Ellos y ellas saben que me siento profundamente afortunada de contar con su valioso trabajo y su admirable generosidad.

Hombres y mujeres, servidores y empleados públicos, que merecen todo mi respeto.

 

 

 

 

 

 

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