Lunes 5 de septiembre de 2011

El vehículo giró sin pensárselo. Recuerdo su embiste y mi pánico. Un segundo, a lo sumo dos, lo suficiente para imaginar que aquel cochazo me iba a partir el pecho. Grité con todas mis fuerzas, o quizá quise hacerlo y las fuerzas me fallaron cuando el golpe me hizo resbalar sobre su morro y caí tendida en el suelo.

Recuerdo el olor nausebundo de las ruedas y al conductor estremecido (lo recuerdo porque en el silencio de mi pánico auscultaba lo que sucedía)

Me recogieron del suelo y temblaba entera. El conductor apenas recomponía su gesto.

Ese maldito STOP que casi nadie respeta.

La vida es un suspiro, lo cuento hoy lunes con el cuerpo entumecido.

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