Domingo 11 de septiembre de 2011

Creo que hay que satisfacer la curiosidad de quienes entienden que cometo un error al no dirigirme a Sebastián Bosch como ex-alcalde en los actos institucionales.

A saber: En la noche del Pregón (el pasado 19 de agosto) saludé personalmente a los tres ex-alcaldes de Rocafort que fueron expresamente invitados al acto (señores Lozano, Silvestre y Soler)

Y los saludé -con nombres y apellidos- por eso precisamente, porque fueron invitados.

El caso de Sebastián Bosch, mi predecesor en el cargo, es radicalmente distinto por una única razón: él forma parte de la Corporación municipal actual, es concejal y, por lo tanto, debe ser tratado con la misma consideración que el resto de sus miembros; es decir, como co-anfitriones del acto nunca como invitados.

Imposible -bajo un punto de vista institucional y, por tanto, protocolario- tratar como invitados a quienes de hecho y con derecho forman parte de la misma institución que yo.

Haber nombrado a Sebastián Bosch por el hecho de haber sido alcalde, hubiera significado excluirlo arbitrariamente de la Corporación de la que forma parte y situarlo en un plano diferente: como invitado y no como partícipe del acto organizado por el Ayuntamiento que es, al fin y al cabo, lo que somos todos los que pertenecemos a ella.

Mientras el sr. Bosch forme parte de la Corporación, en los actos organizados por el Ayuntamiento recibirá la consideración de concejal y cabeza de lista de su partido (todo un honor si medimos bien lo que significa).

Hacerlo de otro modo sería una extravagancia impropia de un normal funcionamiento institucional.

En protocolo precisamente, la aplicación del sentido común (y el conocimiento de las instituciones) resuelve situaciones como ésta.

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